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viernes, 24 de diciembre de 2010

Evocaciones de la infancia (Muñecas del recuerdo)


La primera muñeca que recuerdo fue una que me regalaron en Navidad a finales de los 60´s. Venía toda vestida de blanco y en un porta bebé de juguete, vivíamos en ese tiempo en El Sásabe, Sonora, un pueblo que hace frontera con USA por el Estado de Arizona. El regalo llegó en la Noche Buena, me lo trajeron Julia y Ernesto Félix, un matrimonio mexico-americano que vivía en el Rancho Celaya situado del llamado otro lado, colindante con nuestro rancho situado en el lado mexicano.

La muñeca se parecía mucho a Julia pues era de piel blanca casi rosada y con el pelo negro, ondulado y corto. Sus ojos cafés de esos que se movían, si la acostaba uno se cerraban, si la sentaba o paraba se abrían, por tal motivo le puse Julia. Era de mis juguetes preferidos, si bien antes ya tenía algunas muñequitas éstas eran de segunda mano, así que Julia vino a ser la primera muñeca nueva que tuve y se convirtió en mi favorita.

También tuve un juego de muñecas de papel que me regalaron los gringos en ¨crismes¨ (Chritsmas), son de esas que venían en una caja y eran de papel grueso (casi cartón), tenían una base donde ponerlas y luego venían otras hojas de cartón donde traían los trajecitos y zapatitos, gorritos, bolsas y guantes para recortar. Así una podía estar cambiando a su gusto a las muñequitas, pero a mi me aburría mucho ponerles la misma ropa así que opté por hacer yo misma en un cuaderno diferentes vestidos, zapatos y gorros, los coloreaba, luego los recortaba, así extendí el guardarropa durante un buen tiempo. Ahora sé que las muñecas se llamaban Amy.

La navidad de 1970 me regalaron una muñequita negra, de las llamadas ¨Flatsy doll´s¨ pues son planas y se doblan como chicle, uno las puede sentar, parar, doblarle los brazos, las piernas y la cabecita. Aún conservo esa muñeca, es de pelo largo y negro, ojos negros y coquetos, ya no tengo el vestido y zapatitos con que venía, eran de color anaranjado fuerte, pero le adapté un sweater rosa que me regalaron en un baby shower hace algunos años y ahora esta vestidita. Buscando en internet encontré que el nombre de esta muñeca es Trixie pero la he llamado siempre ¨la negrita¨. Mi ¨negri¨ tiene inscrito en su espaldita que fue hecha en Hong Kong en 1969.

Recuerdo que en esos tiempos estábamos muy envueltos con las tradiciones navideñas al estilo norteamericano pues al estar en frontera con USA era más fácil que conociéramos a Santa Claus ¨santoclós¨ como le decíamos, ese viejo bonachón de pelo y barba blanca, lentes y traje rojo que poner atención al verdadero sentido de la Navidad. Esas noches de Navidad buscaba afanosamente en el cielo a ver si podía ver a Santa venir con su trineo con renos a dejarnos los regalos. El día 25 de Diciembre por la mañana siempre había fiesta en el Rancho ¨La Osa¨ situado del lado americano en El Sásabe Arizona. Ahí se quebraban piñatas, nos daban comida, dulces y juguetes. Todo era regalado, a los niños mexicanos con sus respectivos padres nos dejaban pasar sin pasaporte para poder festejarnos durante ese día. Nos regalaban juguetes tanto nuevos como usados, pero nosotros éramos muy felices esperando ese día durante todo un año. Ahora pienso que esos juguetes eran donados por instituciones o gente generosa cuya única retribución para ellos era ver nuestra sonrisa y alegría.

No puedo quejarme porque siempre tuvimos juguetes y viene a mi mente también una muñeca a la que le puse ¨pecosita¨ porque era blanca con pecas bien visibles en sus mejillas, el pelo café largo y ondulado, era de complexión regular pero sobresalía un vientre abultado que llamaba la atención pues venia con un trajecito de shorts y blusa y ésta se le levantaba de ese lugar alcanzándole a ver el ombligo. Hago un paréntesis aquí para relatarles un episodio sucedido respecto a esa muñeca. Mi padre Salvador acostumbraba ir de cacería cada cierto tiempo, por lo tanto tenía dos rifles en la casa, según tengo entendido eran calibre 22. Siempre los guardaba en la parte alta del ropero que teníamos pues mi madre siempre le aconsejaba que no los dejara a la mano de nosotros, pero él en sus prisas muchas veces los dejo en una esquina atrás de la puerta de la entrada a la habitación. Una tarde de tantas, hacía mucho calor y mi madre había ido a limpiar el corral a las gallinas, mis hermanos andaban jugando con pistolitas de agua y yo con mis muñecas. Me andaban molestando porque a cada paso que daban donde yo estaba aprovechaban y me las mojaban, yo estaba muy enojada y en una de esas, mi madre vino por algo a la casa, ya que el gallinero quedaba como a unos 300 metros de donde estábamos, yo le dije a ella lo que mis hermanos andaban haciendo y los regañó. Después yo entré a la casa, me recosté en la cama de mis padres y estiré mi brazo izquierdo donde me acomodé a todas mis muñecas para abrazarlas, en eso entró mi hermano Javier y desde donde estaba intentó por enésima vez mojarme a mis muñecas, yo estaba ya muy irritada y le grité improperios, entonces el de reojo vio uno de los rifles de mi padre, lo agarró apuntándome directo a la frente, fueron escasos segundos en el que yo vi el agujero negro del rifle hacia mí, pero en eso, le llamó más la atención el vientre abultado de ¨pecosita¨ y jaló del gatillo… fue un sonido que nunca olvidaré, estruendoso, agudo, directo. La bala atravesó el vientre de la muñeca, salió por la espalda de ella, agujeró las cobijas, el colchón, dañó resortes de la cama y fue a incrustarse en un ladrillo de la pared de la habitación.

Yo no daba crédito a lo que había pasado, vi la muñeca con tamaño hoyo donde antes había estado el vientre y empecé a llorar escandalosamente por ella, en mi mente infantil no alcanzaba a comprender que por unos instantes estuvo en peligro mi vida, salí corriendo con la muñeca hacia donde estaba mi madre gritándole, mis hermanos venían tras de mí, ella seguía afanosa barriendo, con la vista en el suelo iba y venía, sin voltear hacia nosotros dijo: ¨Ay muchachos ya les dije que dejen a la niña en paz, no le anden mojando sus muñecas¨ y entonces mi hermano Javier llorando, titiritando de miedo, balbuceo: ¨Esss.. que… yo no sabía que… el rifle… estaba…. cargado¨… mi madre nos contó que en ese momento sintió que la piel se le erizó y que los pelos se le pararon, cuando entonces volteo y vio a ¨pecosita¨ con la herida infringida. Obvio decir que mi padre siguió teniendo esos descuidos pero ya nunca más mis hermanos anduvieron agarrando sus rifles y la muñeca se convirtió en una especie de artículo de museo, pues a cada persona que nos visitaban les contaban la historia y me hacían ir por ella para enseñárselas. Mi hermano Javier durante mucho tiempo sufrió de nervios y lloraba al pensar que pudo haberme matado, pero mi madre se encargo de decirle que no había sido su culpa sino de la negligencia de mi padre al dejar un arma cargada al alcance de nosotros.

Cuando regresamos a Santa Ana, Sonora donde nací, fue en 1973. Ahí desfilaron otras muñecas, hubo una muñeca tipo Barbie pero grande, no sé de donde vino, pero solo estaba el cuerpo, de un material como de plástico pero solido y grueso, pienso que si hubieran golpeado a alguien con esa muñeca seguro lo desmayan. Yo le adapté la cabeza de Julia, pues para entonces el cuerpo de antaño ya le faltaba un brazo y una pierna, entre tantas mudanzas se me perdían partes de los juguetes. Así pues, me imaginaba que Julia había crecido y que ahora era una señorita. Le hice vestidos de tela y era una de mis muñecas preferidas, a mis amiguitas de entonces se les hacia extraña porque se veía esbelta, con el cuerpo color muy pálido, casi amarillo y la cara sonrosada de Julia.

También hubo una muñeca robusta, con el pelo rubio y largo, a la cual le quedaban los mamelucos de un bebe recién nacido. Tenía los ojos azules y con los labios rosados, sonriendo, donde se podían ver una dentadura blanca y perfecta, en sus mejillas unos hoyuelos y traía unos zapatitos blancos. Esta muñeca se me figuraba mucho a una compañera de clases de la primaria llamada Luly y de la cual, Elsa y yo escribíamos historietas, pero la diferencia es que la muñeca tenia bonito rostro y Luly se me hacia fea, quizás por lo peleonera que era con nosotras. También recuerdo una muñeca rubia parecida a Marilyn Monroe, con el cabello platinado.

Se me olvidaba decir que la mayoría de las muñecas que poseía estaban con el pelo siempre cortito, pues yo las pelaba pensando que les crecería el pelo, cada cierto tiempo les iba recortando las puntas o haciéndoles cortes en capas, si no tenían fleco yo se los hacía, o haciéndoles peinados en trenzas, chongos o cola de caballo, mientras lo tenían largo. Siempre me quedé esperando que les creciera, mis hermanos hacían mofa de mí pero yo les respondía que algún dia iban a ver que tendrían el pelo largo, ¡ vaya… lo que es la pureza infantil!

También estuvo en mis manos una muñequita Pielangeli, son de esas que son todas de plástico, las pestañas, el pelo, el traje, los calcetines y los zapatos, todo es de plástico, pero venían pintados de diferentes colores. La que yo tenía tenia el pelo rubio, traía un trajecito azul de donde destacaban unos coquetos calzoncitos con holanes en color azul y motitas blancas. Calcetines blancos y zapatos negros.

El último muñeco de mi infancia lo recibí en la Navidad de 1975. Mi madre llego la Noche Buena con él, una lonchera de metal, una raqueta y un juego de matatena con figuritas de metal. Es un muñeco imitación de los ¨Gerber baby¨, es rubio con los ojos azul verdes (aguamarina), estaba vestido con un calzoncito y camisa color blanco blanco y estampado verde. Le puse el nombre de René por un chico que me gustaba que era rubio con los ojos verdes mucho más grande que yo, pues ya rebasaba los 18 años de edad. René aun sigue a mi lado y cada que lo veo pienso en esa transición de niña a adolescente, pues a la siguiente Navidad ya no hubo juguetes ni en las siguientes, ya que me llamaban la atención las cosas de las chicas mas grandes.

Nunca tuve una muñeca de trapo ni una Barbie. Sólo las conocí a través de mis vecinas a quienes si les amanecían en Navidad y me las compartían. Mis padres no tenían los medios para comprarnos los juguetes de moda, pero yo era feliz con lo que podían darnos. Pero hubo una muñeca que me robó el corazón, se llamaba Fabiola y sólo la vi en los aparadores de la tienda ¨Novedades¨ de Santa Ana, Sonora. Durante dos Navidades pedía internamente que me amaneciera, nunca escribí una carta a Santa ni tampoco la pedí en Día de Reyes, creo que de antemano sabía que no estaba en los recursos de mis padres hacerme un regalo de esos. Fabiola venia con una carriola donde transportaba a un bebé, yo la recuerdo vestida de blanco pero cierto es que había más ediciones de ella. Me la pase muchas horas observándola a través del vidrio pues antes de las festividades decembrinas la sacaban en venta y destacaba entre los demás juguetes.

Esas son las evocaciones que me llegan en esta diciembre, ¡ bendita infancia cuantas vivencias, cuantas remembranzas!, pero lo que más me gusta es recordar a mi Madre cuando nos contaba cuentos e historias sobre la Navidad y aunque siempre vivimos muy de cerca las tradiciones al estilo de USA, ella se encargó de enseñarnos que el verdadero festejo era el nacimiento de Jesucristo.

Vicky E.Durán

Dic.2010

8 comentarios:

Antonio Torres Rodríguez dijo...

Hola Vicky: me ha parecido muy interesante lo que escribes respecto a tu infancia y tus muñecas, además de autobiográfico me resulta enriquesedor como analisis para entender cómo era la infancia de una niña descendiente yaqui en la época en la que te tocó vivirla. Te prometo volve a visitar tu blog, me ha resultado muy agradable el contenido y la manera de expresarlo.
Saludos cordiales. Feliz Navidad!!

Pentrova dijo...

HERMOSISISMO QUERIDA BELLA ME ENCANTAN LOS CAMBIOS QUE LE HAS HECHO Y LA NARRATIVA QUE HACES BRAVO!!!! LAS FOTOS MARAVILLOSAS REALMENTE UN DELEITE TU BLOG TE MANDO BESITOS MIL!!

Anónimo dijo...

HOLA YAQUESITA,LICENCIADA,AMIGA. QUE COSA MAS BELLA Y TIERNA LO DE TUS MUÑECAS. ME ENCANTO VER LAS FOTOS DE INDIGENAS QUE TE MANDE QUE BUENO QUE TE FUERON UTILES.NO SABIA LO DE TU HERMANO.MIS MEJORES DESEOS PORQUE DIOS LE DEVUELVA SU SALUD.GUARDARE TU CORREO PARA VER POCO A POCO TODO LO QUE ESCRIBES.UN ABRAZO Y QUE DIOS NOS BENDIGA A TODOS.LOLIS...

Dora Forletti dijo...

Mi querida Yaquesita, acabo de leer tu bella narración donde escribes sobre todas tus muñeca y me has traído a la memoria, las mías, algunas que jamás olvidaré y hasta ñlas heredaron mis hijas cuando pequeñas. De algunas nada queda y una sensación de nostalgia ha impregnado mi corazón.
gracias amiguita linda por compartir algo tan preciado.
Fue muy lindo recorrer tus letras y vivir cada uno de tus momentos de aquella infancia inolvidable.
Te envío muchos besitos y te deseo un FELIZ AÑO NUEVO, para ti y los tuyos.
Te quiero mucho Vicky.

AZUL

jotacet dijo...

Querida Vicky, hermanita menor, estoy encantado y sorprendido por tu Blog y su contenido. Te quiero mucho, pero ahora un poco más, por tu trabajo extraordinario. Un abrazo a Fili, otro a tu hermano, y un beso para tí, mío y de Hilda, desde Buenos Aires.
jotacet

Pentrova dijo...

CUANDO ALGO GUSTA...SE REGRESA JEJEJE AQUI TOY MI CIELO,QUE BELLO TE QUEDO TU BLOG ME GUSTA MUCHO!!! MUCHO MAS QUE COMO LO TENIAS ANTES,SI ESTE ME CUADRA JEJEJ BESITOS.

La abuela frescotona dijo...

HERMOSA HISTORIA, EL NIÑO QUE FUIMOS, MARCA LA PERSONA QUE SOMOS...
TE ABRAZO

Vicky E.Durán dijo...

Muchas gracias por su aportación en comentarios tan favorecedores y sinceros, les mando un beso y esperando su pronta visita a estos escritos que nacen de mis vivencias y pensamientos.
Abrazos
Vickie

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