
Mi padre de crianza... ¡ mi verdadero padre !
Hombre rudo
Hombre de campo
Hombre parco al hablar
Hombre con el sol a cuestas
Hombre de temple
con el sabor silvestre,
con rostro curtido, moreno reluciente,
ojos vivaces,
con manos de bronce,
manos ásperas
fuertes... cual roble.
Enfundado en traje mezclilla,
inconfundibles camisas a cuadros,
las botas de piel,
cinturón de cuero a la medida,
en la cabeza el eterno sombrero,
siempre orgulloso vaquero.
Diestro en la naturaleza,
La lluvia
El arado
La siembra
La cosecha,
leche bronca de las vacas o las chivas,
derramando en tus manos,
¿ cuántos becerros vinieron a esta vida
y tú fuiste el primero en tocarlos?
Airoso en córcel indomable
montado a puro pelo,
haciendo saber quien era el amo,
doblegabas al instante,
cabalgatas en las tardes
en el pinto o en el zaino
o en ese potro antes salvaje.
Me pregunto cuántas veredas creaste,
cuantos caminos, cuantas piedras,
cuanta maleza tu pisaste,
cuántos árboles conocían tu presencia
y si la tierra casi desértica aún reclama
esas semillas que con tus manos le sembraste,
daciéndola fértil, haciéndola bella,
y esas tantas veces que con el arado la horadaste,
las caricias que le diste, cuando la cosecha levantaste,
pasando ramas sobre ella, dándole masaje.
Y aquel San Isidro
que dominaba en el mezquite a medio rancho,
el santo de la cosecha en el que siempre confiaste,
¡ vaya milagro ¡ en pleno árbol florecieron dos cactus...
Y tú... orgulloso lo pregonabas a quien quería escucharte,
a gente extraña, a los del pueblo o a los amigos de siempre,
o a Peter o Bettina, nuestros vecinos americanos,
a los que siempre tu amistad brindaste,
a Don Ernesto y Doña Julia, mexicanos con residencia legal,
en el Rancho de Celaya tras la línea fronteriza
que no dividía el cariño fraternal que les entregaste.
La mazorca en aquella troje
el frijol sobre la manta saliendo a palos,
las sandías roja grana,
las calabacitas tiernas al sartén,
la cebolla, el tomate,
el trigo, la cebada y las papas,
¿ que quieren comer hoy mis muchachos?
un pollo, un puerco, un conejo... una vaca?
¿ un caldito de tortuga o carne de caballo?
hoy he cazado un venado... ¿ lo quieren acaso?
codorniz, perdiz ¡ a su mesa! O ¿ quieren un pato?
¿Quieren agua fresca?
hay de limón, de pamita o de naranja,
de cebada o de horchata,
¿ un atole pâl empacho? Tengo de tapiro, de maíz,
de pechita o de harina o ¿ quieren champurrado?
díganle a su madre ¡ que lo vaya calentando!
Las tortillas ya casi están,
son las sábanas sonorenses que al hombro dan,
se estiran poco a poco desde las manos,
todo el brazo cruzan, luego se avientan al comal,
frijolitos de la olla con sus chilitos asados,
o los quieren maneaditos con queso asadero?
papas fritas y cebollitas con sal,
el café de talega con su ración de dulce pan,
todo un conjunto innigualable,
La tarde en Sonora... ¡ sobremesa familiar!
de postre un cubierto de biznaga o de calabaza,
dulce de membrillo o duraznos en almíbar,
un jamoncillo o arroz con leche, pasas, canela y azúcar.
Y ahora que casi llegamos al final,
los grandes tómense un bacanora,
para el desempanse que nos haga gozar...
el tiempo ha cambiado, se avecina tempestad,
la lluvia ya viene, se acerca el temporal,
aquellas nubes lejanas... aquí pronto estarán,
guarezcánse mis niños, metan la leña a la casa,
la estufa nos debe calentar...
Tú, muchacha suata... ¡ ayúdale a tu mamá!
¡ Destiende la ropa del tendedero !
¡ anda corre ¡, que el polvo ya llega y tras él... ¡el aguacero!
la lluvia rápido camina, lo persigue, lo alcanza...
y tú no querrás mañana lavar los trapos,
quitarles el lodo, quitarle la mugre, dejarlos ¡ blancos!,
Anda ve, no seas mula y haz caso.
Y ustedes muchachos corran,
tapen los conejos, las gallinas, los patos,
no dejen abiertas las trancas, ni las vacas afuera,
a los caballos pónganles un lazo,
cobijen los becerritos, cubran a los chivos
¡ metan a la casa a los gatos!
suelten a los perros, que busquen refugio,
¡ traigan dentro las jaulas con los pájaros!
tapen los espejos, no toquen el metal,
no se asomen por la puerta
ni miren por el ventanal,
la naturaleza es violenta, impredecible,
rayos y centellas no se hacen esperar,
sólo silbidos de vientos por la tarde
seguidos por la luz y estrepitoso sonar,
ensordecen por instantes,
una chiquilla quiere llorar...
El viento azota con fuerza la casita de adobe,
el techo amenaza con saltar,
mi madre nos arropa, nos tapa la cabeza,
¨no anden descalzos¨musita: ¡ póngamonos a rezar!
así pasan varias horas, titiritando de miedo y frío,
Yy se escuchan ambos ríos el agua llevar,
rancho entre dos afluentes, milpa de temporal,
yo agazapada casi sin aliento,
mis hermanos los valientes sentados a mi lado
un gran abrazo me dan.
Cuando las lágrimas en mis ojos
pugnan por salir, cuando quiero sollozar,
descubro algo que en mi mente quedará...
veo la figura de mi padre de crianza,
que se dibuja en la esquina, ya en penumbras,
con un cigarrillo prendido, el rostro pensativo,
dominante, fuerte, seguro de sí mismo,
dice con voz varonil: ¨la tormenta ya ha pasado,
vayamos a ver a los animales, cuantos destrozos hay,
si los ríos van crecidos y amenazan inundar¨
¡ prendan ya la lámpara!
¡ pongan el café a calentar!
¡ vamos muchachos revisemos el rancho!
Tú, mujer y la chamaca preparen las camas,
porque debemos descansar,
mañana será un día largo,
y ¡debemos madrugar!
Mis ojos inocentes, reparan en su férrea presencia,
siento su amparo, su dominio, su entrega de Padre
el que me cría como fiera a sus cachorros
el que eligió como compañero mi madre,
la paz vuelve a mí, sólo seis años en mi haber,
tres años le conozco ya y no lo había notado,
entiendo la divina protección
que Dios me ha regalado,
a falta del padre de sangre, mi padre de crianza
hombre a su familia siempre entregado...
¡Dios! ¡Cuanto le he amado!
Con inmenso amor a mi Padre Salvador Valencia Gónzalez
Fallecido el 23 de Noviembre de 1996.Vicky E.Durán
Hombre rudo
Hombre de campo
Hombre parco al hablar
Hombre con el sol a cuestas
Hombre de temple
con el sabor silvestre,
con rostro curtido, moreno reluciente,
ojos vivaces,
con manos de bronce,
manos ásperas
fuertes... cual roble.
Enfundado en traje mezclilla,
inconfundibles camisas a cuadros,
las botas de piel,
cinturón de cuero a la medida,
en la cabeza el eterno sombrero,
siempre orgulloso vaquero.
Diestro en la naturaleza,
La lluvia
El arado
La siembra
La cosecha,
leche bronca de las vacas o las chivas,
derramando en tus manos,
¿ cuántos becerros vinieron a esta vida
y tú fuiste el primero en tocarlos?
Airoso en córcel indomable
montado a puro pelo,
haciendo saber quien era el amo,
doblegabas al instante,
cabalgatas en las tardes
en el pinto o en el zaino
o en ese potro antes salvaje.
Me pregunto cuántas veredas creaste,
cuantos caminos, cuantas piedras,
cuanta maleza tu pisaste,
cuántos árboles conocían tu presencia
y si la tierra casi desértica aún reclama
esas semillas que con tus manos le sembraste,
daciéndola fértil, haciéndola bella,
y esas tantas veces que con el arado la horadaste,
las caricias que le diste, cuando la cosecha levantaste,
pasando ramas sobre ella, dándole masaje.
Y aquel San Isidro
que dominaba en el mezquite a medio rancho,
el santo de la cosecha en el que siempre confiaste,
¡ vaya milagro ¡ en pleno árbol florecieron dos cactus...
Y tú... orgulloso lo pregonabas a quien quería escucharte,
a gente extraña, a los del pueblo o a los amigos de siempre,
o a Peter o Bettina, nuestros vecinos americanos,
a los que siempre tu amistad brindaste,
a Don Ernesto y Doña Julia, mexicanos con residencia legal,
en el Rancho de Celaya tras la línea fronteriza
que no dividía el cariño fraternal que les entregaste.
La mazorca en aquella troje
el frijol sobre la manta saliendo a palos,
las sandías roja grana,
las calabacitas tiernas al sartén,
la cebolla, el tomate,
el trigo, la cebada y las papas,
¿ que quieren comer hoy mis muchachos?
un pollo, un puerco, un conejo... una vaca?
¿ un caldito de tortuga o carne de caballo?
hoy he cazado un venado... ¿ lo quieren acaso?
codorniz, perdiz ¡ a su mesa! O ¿ quieren un pato?
¿Quieren agua fresca?
hay de limón, de pamita o de naranja,
de cebada o de horchata,
¿ un atole pâl empacho? Tengo de tapiro, de maíz,
de pechita o de harina o ¿ quieren champurrado?
díganle a su madre ¡ que lo vaya calentando!
Las tortillas ya casi están,
son las sábanas sonorenses que al hombro dan,
se estiran poco a poco desde las manos,
todo el brazo cruzan, luego se avientan al comal,
frijolitos de la olla con sus chilitos asados,
o los quieren maneaditos con queso asadero?
papas fritas y cebollitas con sal,
el café de talega con su ración de dulce pan,
todo un conjunto innigualable,
La tarde en Sonora... ¡ sobremesa familiar!
de postre un cubierto de biznaga o de calabaza,
dulce de membrillo o duraznos en almíbar,
un jamoncillo o arroz con leche, pasas, canela y azúcar.
Y ahora que casi llegamos al final,
los grandes tómense un bacanora,
para el desempanse que nos haga gozar...
el tiempo ha cambiado, se avecina tempestad,
la lluvia ya viene, se acerca el temporal,
aquellas nubes lejanas... aquí pronto estarán,
guarezcánse mis niños, metan la leña a la casa,
la estufa nos debe calentar...
Tú, muchacha suata... ¡ ayúdale a tu mamá!
¡ Destiende la ropa del tendedero !
¡ anda corre ¡, que el polvo ya llega y tras él... ¡el aguacero!
la lluvia rápido camina, lo persigue, lo alcanza...
y tú no querrás mañana lavar los trapos,
quitarles el lodo, quitarle la mugre, dejarlos ¡ blancos!,
Anda ve, no seas mula y haz caso.
Y ustedes muchachos corran,
tapen los conejos, las gallinas, los patos,
no dejen abiertas las trancas, ni las vacas afuera,
a los caballos pónganles un lazo,
cobijen los becerritos, cubran a los chivos
¡ metan a la casa a los gatos!
suelten a los perros, que busquen refugio,
¡ traigan dentro las jaulas con los pájaros!
tapen los espejos, no toquen el metal,
no se asomen por la puerta
ni miren por el ventanal,
la naturaleza es violenta, impredecible,
rayos y centellas no se hacen esperar,
sólo silbidos de vientos por la tarde
seguidos por la luz y estrepitoso sonar,
ensordecen por instantes,
una chiquilla quiere llorar...
El viento azota con fuerza la casita de adobe,
el techo amenaza con saltar,
mi madre nos arropa, nos tapa la cabeza,
¨no anden descalzos¨musita: ¡ póngamonos a rezar!
así pasan varias horas, titiritando de miedo y frío,
Yy se escuchan ambos ríos el agua llevar,
rancho entre dos afluentes, milpa de temporal,
yo agazapada casi sin aliento,
mis hermanos los valientes sentados a mi lado
un gran abrazo me dan.
Cuando las lágrimas en mis ojos
pugnan por salir, cuando quiero sollozar,
descubro algo que en mi mente quedará...
veo la figura de mi padre de crianza,
que se dibuja en la esquina, ya en penumbras,
con un cigarrillo prendido, el rostro pensativo,
dominante, fuerte, seguro de sí mismo,
dice con voz varonil: ¨la tormenta ya ha pasado,
vayamos a ver a los animales, cuantos destrozos hay,
si los ríos van crecidos y amenazan inundar¨
¡ prendan ya la lámpara!
¡ pongan el café a calentar!
¡ vamos muchachos revisemos el rancho!
Tú, mujer y la chamaca preparen las camas,
porque debemos descansar,
mañana será un día largo,
y ¡debemos madrugar!
Mis ojos inocentes, reparan en su férrea presencia,
siento su amparo, su dominio, su entrega de Padre
el que me cría como fiera a sus cachorros
el que eligió como compañero mi madre,
la paz vuelve a mí, sólo seis años en mi haber,
tres años le conozco ya y no lo había notado,
entiendo la divina protección
que Dios me ha regalado,
a falta del padre de sangre, mi padre de crianza
hombre a su familia siempre entregado...
¡Dios! ¡Cuanto le he amado!
Con inmenso amor a mi Padre Salvador Valencia Gónzalez
Fallecido el 23 de Noviembre de 1996.Vicky E.Durán




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