HAZ CLICK EN PAUSE SI DESEAS LEER SIN ESCUCHAR LA MUSICA

sábado, 26 de diciembre de 2009

Fronteras (Segunda parte)

Fronteras 2º Capítulo ¨Los últimos hippies¨
¨Entre canciones en inglés y corridos rancheros mexicanos transcurría la vida de una niña en un rancho perdido en la nada y haciendo frontera con Estados Unidos, entre cactus, biznagas, sembradíos, pájaros, venados y distintos animales mansos y fieras, entre gente de rancho y los americanos, entre contrastes de idiomas y dialectos, entre historias escalofriantes de hippies y de indios yaquis y papagos¨

Después de Gustav y Bettina Bericock, el Rancho Celaya ubicado en ¨el otro lado¨, duró algunos meses sin inquilinos. Se sentía aún más la soledad en nuestro ranchito, se habían acabado las tardes de televisión y los mimos de Bettina, yo miraba con añoranza hacia ese lugar y recordaba los momentos vividos y compartidos con ese matrimonio singular.

Olvidaba decir que nuestro Rancho pertenecía al poblado de El Sásabe, Municipio del Sáric en el Estado de Sonora México y que hace frontera con Estados Unidos con otro pueblo del mismo nombre perteneciente al Estado de Arizona. El Sásabe significa en dialecto pápago ¨La piedra que canta¨ y efectivamente este pueblecito esta rodeado de piedras y peñascos alrededor; en los tiempos de lluvias y vientos se oye como silban éstos en forma muy particular al pasar a través de las piedras. En este lugar es donde acudían mis hermanos a sus estudios escolares primarios, la escuela se llama Escuela Primaria Federal Juan Escutia (en honor al niño héroe que se lanzó envuelto en la bandera mexicana al vacío en el Castillo De Chapultepec para evitar que fuere mancillada en los tiempos que México fue invadido por Estados Unidos).

Mis hermanos se iban todo el día del rancho de lunes a viernes, ya que éste se encontraba a media hora de camino a pie de El Sásabe y en esos tiempos el sistema escolar era de acudir a la escuela mañana y tarde, con una hora intermedia para comer entre un turno y otro, así que mi madre les ponía su ¨lunch¨ y regresaban hasta después de las 5 de la tarde. En todo ese tiempo sin ellos, tenía mucho tiempo para hacer mis cosas: ayudar a mamá en los quehaceres propios de la casa, jugar con mis muñecas, darle de comer a los pájaros y gallinas, observar el cielo y buscar figuras en las nubes, ir con mamá a dar paseos al río o ¨al otro lado¨, recibir a las visitas que llegaban al rancho y compradores de productos que hacían mis padres y escuchar música en un radio de baterías que sintonizaba mas estaciones en inglés que en español, más aún así teníamos la frecuencia de la ciudad de Nogales, Sonora, donde escuchaba la música mexicana, con ciertas interferencias porque hay muchas montañas y cerros en ese sentido, pero en días despejados se podía escuchar con claridad la programación. En nuestro rancho no teníamos luz eléctrica, en la noche nos alumbrábamos con lámpara de petróleo y por lo tanto, cuando las pilas del radio se agotaban yo sufría por no escuchar mis canciones predilectas.

¡ Cómo disfruté para mí sola a mi madre en esos tiempos !, me platicaba muchas cosas, anécdotas de la familia, historias de los indios yaquis, cuentos y chistes. Mientras ella cocinaba yo lavaba los trastes, mientras ella hacía las tortillas de harina (las sábanas sonorenses o tortillas sobaqueras tan populares en Sonora) entre una y otra que aventaba al comal previamente encendido con leña cortadita en troncos por mi padre, me platicaba. Luego a ir a ver a las gallinas y darles de comer, me daba el maíz previamente machacado, el trigo o la fetérita y las aves se arremolinaban a mi alrededor como sabiendo que yo portaba el suculento alimento. Después darles de comer a los conejos, luego a los pájaros. Mi madre tenía una gran variedad de ellos en jaulas: Chontes (Zenzontles), Cardenales, Jilgueros, Palomas y gorriones, entre los cuales alguna vez destacaron también Codornices.

El alimento consistía en alpiste, fetérita machacada, masa de maíz con chile y chapulines que de tarde en tarde cazábamos yo y mis hermanos en el monte, llenábamos sendos frascos con los saltamontes de diferentes tipos: los voladores, los topos y los rosados. Era nuestra tarea en las tardes, después de que mis hermanos llegaban de la escuela, nos íbamos cada uno con un frasco y la misión era llenarlos. Arráncabamos ramas de romero, les quitábamos todas las ramitas de los lados y sólo se dejaban las de la punta, de tal forma que parecían matamoscas gigantes y así íbamos por el campo revisando. Los más fáciles de cazar eran los topos porque no volaban (pobrecitos ni como defenderse de nosotros!), pero los que volaban podíamos ir un buen trecho correteándolos hasta que lográbamos atraparle o en muchas ocasiones se escapaban. Y era un cuento de nunca terminar porque los pájaros eran demasiados!, siempre había nuevos, desde chiquitos hasta mas grandes y es que... después me enteré que mi madre comerciaba con ellos.

Ella sabía exactamente cuando los zenzontles estaban preparando sus nidos para empollar y sabía cuando ya habían nacido los nuevos ¨chontitos¨, ella y mis hermanos tenían muy bien ubicados los mezquites en donde estaban y muchas veces me sentí muy triste al ver a sus padres llorar cuando íbamos por ellos, como quitarle los hijos a los padres, muchas veces me sentí como esas serpientes que subían a los árboles y engullían los huevecillos o los pajaritos recién nacidos. Nunca me gustó ver los animales en cautiverio. A mi en especial me gustaban mucho los cardenales rojos, por su canto y por ese tan hermoso color que portaban, me imaginaba al verlos volar que eran corazones rojos en el cielo.

A los de la migra, los hombres de verde les gustaban mucho en especial los zenzontles por su canto tan peculiar e iban con mi madre para comprárselos. Yo miraba ¨parkear¨ el jeep verde al otro lado de la línea y luego como si nada, ellos sí cruzaban hacia nuestro rancho y preguntaban por ¨Doña Anita¨, yo en cuanto los miraba me escondía y sólo atisbaba desde mi escondite hasta que se iban, los veía llevarse en cajas de cartón o en bolsas de papel con agujeros, a los pájaros que habían comprado. Había un oficial en especial que iba a cada rato el cual se llamaba Peter, era un hombre de unos 50 años aproximadamente, muy alto, robusto y con cara de bonachón, a el si me le acercaba sobre todo porque llegaba con bolsas de manzanas y también con algún producto gringo ya sea mantequilla de cacahuate o leche en polvo que nos regalaba. El si hablaba algo de español y le gustaba mucho el café de talega que hacía mi mamá. Luego nos decía por donde vivía, nos mostraba un cerro a lo lejos y nos indicaba que tras de el, estaba su casa, por lo cual para mayor orientación nosotros le pusimos el Cerro de Peter.

(Mi sobrino Isai en el 2002, en nuestro rancho atrás se divisa el Cerro de Peter)

Había otro oficial de apellido Becker, al parecer tenía un cargo más alto que la mayoría de los que andaban vigilando la frontera, porque lo mismo lo miraba uno en el jeep, que a caballo o en helicóptero. Mi hermano mayor trataba más a los hombres de verde, porque como el y mi padre cuidaban el ganado del Rancho de Celaya ubicado al otro lado, tenían mas contacto y mi hermano decía que eran bien buenas personas y que le regalaban chocolates. Así una tarde fresca estábamos los tres, mi hermano mayor, mi hermano Javier y yo, acostados en el techo del troque de mi padre, mirando hacia el cielo y en eso pasó sobre nosotros muy bajito, el helicóptero de la migra y con el alta voz se oyó una voz con acento gringo: ¨Trruini¨, y mi hermano todo orgulloso y creído, nos dijo: Es Beiquer, es Beiquer!!

Mas aún y con lo que mi hermano nos contaba de maravillas de ellos, yo les tenía pánico. Aún recuerdo aquel día cuando acompañé a mi madre al ¨dompe¨ (dump: basurero), que se ubicaba en las márgenes de unos de los ríos que rodeaba a nuestro rancho, pero del lado estadounidense. Ahí lo mismo podrías encontrar ropa, que juguetes, artículos eléctricos, zapatos, adornos o artículos de hogar, todo casi nuevo. Es increíble la cultura de Estados Unidos de lo desechable, ya existía en esos tiempos. Mi madre recogía muchas cosas ya sea para nuestro uso o para vender o regalar y yo... siempre con el oído y la vista atenta, no me sentía segura en ese lugar. En eso que se escucha el ruido de una avioneta en el cielo y alcé la vista, alcancé a mirarla, se veía pequeñita, señal que estaba muy lejos de nosotros, pero ya no quise estar más ahí, me sentí totalmente insegura, presentía que podía aterrizar en cualquier momento y llevarnos, entonces empecé a correr rumbo a nuestro rancho, mientras mi madre me gritaba que no tuviera miedo, que no me pasaría nada. Corrí desaforadamente y luego cuando llegué al límite de la línea fronteriza, me encontré el alambrado de púas que en unas partes estaba mas tirante como en ese lugar tan poco transitado y no pude con mi fuerza de niña extenderlo, entonces agarré vuelo y me tiré de panza en el suelo con esa velocidad, pero aún así no pude evitar que una púa me lacerara en un rayón por toda la espalda. Toda llena de sangre, polvo, lágrimas y cansada, logré llegar al lado mexicano, mientras mi madre reía en la distancia. Esta anécdota como nos ha hecho reír cuando la cuentan mis hermanos o yo a quien guste escucharla, pero ahora que me pongo a pensar en ello, pienso en mí como niña y como el miedo me hizo correr tan rápido, en un país que aunque cercano nunca sentí mío.

Las tardes una vez que se escondía el sol, teníamos que encender la lámpara de petróleo, cenábamos, luego el consabido café y era el momento esperado por mi y mis hermanos, mi padre iba a acostarse temprano porque madrugaba y mi madre entonces, se ponía a contarnos cuentos, chistes, anécdotas familiares y sobre todo historia de los yaquis. Los yaquis son un grupo indígena del Estado de Sonora y mi madre se sabía mucha historia sobre ellos y sus crímenes, de la forma como el gobierno los fue acorralando y como éstos en represalia hacían atrocidades en los pueblos que ella recordaba de su infancia, además de los que le contaba su mamá grande (asi le decían a las abuelas en sus tiempos). Mi madre nos contaba que su padre era descendiente de yaquis, pero de los que se llamaban los yaquis civilizados e incluso en un tiempo en su adolescencia trabajó para una hacienda donde tenían muchas reses, una noche estando solo cuidando del ganado, recargado en un árbol, escuchó primero un aullar de perro a lo lejos, luego el canto de un búho, en menos de 5 minutos ya estaban los sonidos muy cerca de él y el sabiendo de sus antepasados no hizo ningún movimiento brusco, simplemente esperó a que los yaquis llegaran hasta el, estaba rodeado de varios de ellos e incluso unos arriba del árbol donde estaba minutos antes recargado. El indio que se presentó como jefe le dijo que tenían hambre y que únicamente tomarían las reses que ocuparan, mataron tres reses esa noche, asaron la carne, eran cientos de yaquis en el festín, tomaron agua del pozo de la hacienda y así como llegaron se fueron. Mi madre contaba que mi abuelo no les dijo sus antecedentes yaquis, porque esa misma noche se lo hubieran llevado con ellos, eran tiempos que se derramaba sangre en las haciendas y pueblos, porque asi como había yaquis pacificos los había muy violentos. El gobierno les había quitado sus tierras y los yaquis se habían levantado en armas. Mi abuelo nunca supo cuantos comieron esa noche, a la luz de la luna se veian muchos yaquis y al otro dia, al ir al rio para intentar darse una idea de cuantos eran, sólo había las pisadas de una persona sobre la arena (los indios se forman en una sola fila y pisan sobre la pisada del que les antecede, de esa forma los soldados nunca sabían con exactitud a cuantos yaquis se enfrentaban).

Mi madre además nos contaba que nuestro abuelo paterno (el padre de mi padre biológico) también era descendiente de yaquis puros, que era un señor muy alto y moreno, curtido por el sol, que siempre andaba con trajes de manta, huaraches y un bastón grande, que era del Río Yaqui por Ciudad Obregón. Por lo tanto mis hermanos y yo tenemos sangre de yaqui en las venas y me siento orgullosa de ser una yaquesita (diminutivo con que se conoce a las mujeres sonorenses).

Como nos gustaba escuchar a nuestra madre, tenía una forma de platicar todo con lujo de detalles, que uno se iba imaginando todo. Había tardes en que asábamos elotes en las brasas o lo mismo, bombones en tenedores, o en las tardes calurosas con vaso de limonada o tortillas de harina con mantequilla, siempre era oportunidad para escuchar a nuestra madre platicar. Los indios pápagos son una comunidad indígena apostada en el Estado de Arizona por lo tanto era frecuente verlos en El Sásabe y en las inmediaciones de los pueblos sonorenses. Mi padre sabía mucho de su dialecto y a mi me decía ¨kawasa¨, yo nunca he sabido que significa, pero a el le daba mucha risa cuando me llamaba así, luego se agarraba contando que yo era hija de indios pápagos, que una vez que iban el y mi madre por un camino, estaba tirada a un lado y que me habían recogido. No se me olvida una ocasión que andando de compras con mi madre en El Sásabe, una india pápaga a la que llamaban Luisa y que vivía desde hacia mucho tiempo en el pueblo, que decían que tenía trastornos mentales, al verme ir de la mano de mi madre se sonrió conmigo, me hizo una caricia en el rostro y musitó: ¨que bonita la papaguita¨; siempre me han perseguido mis rasgos indígenas yaquis, piel demasiado morena y en esos tiempos más por el sol quemante de Sonora, ojos negros y pelo negro azabache casi siempre con trenzas. Mi mamá lo contó a mi padre y hermanos, entonces mi padre me dijo que si ya no me quedaban dudas de que era hija de los pápagos y yo lloraba cada que me lo recordaban.

Eran tiempos de naturaleza viva, de vivir inmersos en los peligros de vivir a campo abierto, donde lo mismo podía uno convivir con animales domésticos, la siembra, las plantas silvestres y las fieras. Llegué a conocer muchos tipos de animales, en una ocasión hasta tuvimos de mascota a un venadito al que le pusimos Víctor porque lo trajeron en un día que se festejaba el santo de los Víctor. Mi padre lo mismo sembraba, que se iba a campear, ensillaba su caballo, se llevaba su rifle y podía llegarnos con liebres o algún venado cazado. La carne de venado es dulce pero muy dura. La liebre nunca la probamos, mi padre las cazaba para los perros. Por lo mismo de la cacería fue que Víctor llegó a nuestro rancho, habían cazado a su mamá y el quedaría solito. Estuvo unos meses con nosotros, luego fue vendido, me dio mucha tristeza cuando se lo llevaron, porque nos habíamos encariñado con él, mi madre lo estuvo alimentando con leche de vaca, luego después ya había empezado a pastar, era como una mascotita, nos seguía mucho.

También conocí al gato montés porque empezaron a mermar los conejos, señal que algún animal se los estaba comiendo, mi madre un día que no estaba mi padre ni mis hermanos decidió seguirle la huella y me llevó con ella, no sé como ella se fue orientando pero el caso es que de pronto ya estábamos del lado gringo, entre unas hierbas similares a la planta de maíz de altas, y casi no mirábamos bien en que sentido íbamos, pero al final encontramos las patitas de un conejo todavía con sangre fresca, luego ruidos, entonces lo ví, era un gato grandísimo y sin cola, que nos miraba fijamente en forma amenazadora, después cuando mi madre agarró una piedra grande para abalanzarse hacia el, el gato corrió y se nos perdió entre tanto plantío. Ahora pienso en lo arriesgada que fue ella en esa ocasión porque tengo conocimiento que un gato montés puede atacar y matar a una persona.

Luego los coyotes, eran de los más comunes en atacar a nuestras gallinas y pollitos, pero cuando están demasiado hambrientos y son muchos, pueden atacar a personas como los lobos. En ocasiones en tiempo de calor nos tocaba dormir en catres afuera a pleno cielo abierto, a mí me encantaban esos tiempos, veía la luna y las estrellas en plenitud, era como tener un techo adornado bellamente y parece que cuando uno está en plena naturaleza y sin la luz eléctrica, todo es mas oscuro y se puede apreciar todo el universo, nos poníamos a contar estrellas o a buscar el conejo en la luna que mi madre nos decía que estaba comiéndose una zanahoria. Pues en una de esas noches, dormíamos plácidamente cuando se acercaron demasiado los coyotes a nuestra casa, se oyó el aullar de ellos ya estando a escasos metros de nosotros, mis hermanos despertaron inmediatamente y corrieron adentro, pero yo no los sentí y me quedé dormida, entonces mi hermano mayor en forma desesperada volvió conmigo e intentaba despertarme, pero yo estaba totalmente en el quinto sueño. Me cargó pero al entrar por la puerta de la cocina se cayó conmigo en brazos, pero yo no despertaba, quedando tirada en el umbral de la misma, entonces mi hermano me jaló de los cabellos y fue cuando yo desperté llorando, que risa después sacaban a mis costillas contando esa anécdota.

El Rancho Celaya seguía solo y una tarde veraniega, vimos aproximarse del lado mexicano por donde estaban los sembradíos de maíz y sandía, a un grupo nutrido de hombres y mujeres, ambos con cabellos muy largos, en su vestimenta primaba la mezclilla, los colores sicodélicos, algunos con chalecos de cuero y sandalias. Eran de los últimos hippies que aún se dejaban ver en Arizona y aunque en esos tiempos ya habían pasado la revolución juvenil de ellos, de amor y paz, de vivir en naturaleza, de fuera reglas, nosotros les teníamos miedo. Se contaban historias de orgías y terror, de drogas, de rock and roll y de desenfrenos que habían sido el dolor de cabeza de los Estados Unidos. Se oía la historia de Charles Manson y una secta que había matado cruelmente a algunas personas entre ellas a una actriz muy renombrada del otro lado.



Llegaron a nuestra casa y pidieron alimento y agua, estábamos solas yo y mi madre, ella inmediatamente les atendió, yo los observaba recelosa mientras ellos me acariciaban y decían cosas en inglés, se inclinaban hasta mi pequeña estatura y me oprimían mis mejillas entre sus manos sonriéndome amistosamente. Se sentaron en el suelo en círculo y ahí empezaron a comer lo que mi madre les había preparado, cuando iban terminando llegaron mi padre y mis hermanos del campo. El se hizo entender con ellos ya que dominaba algo del idioma inglés y uno de los hippies algo de español, ellos sólo querían un lugar donde pasar la noche. Mi padre les dijo que podían quedarse unos en casa y otros en el Rancho Celaya en el porche ya que ahí había unos sillones largos donde podían descansar los demás pues la casa estaba cerrada. El resto de la tarde se fueron todos para el Rancho Celaya, en donde armaron tremenda fiesta ya que fueron a comprar licor a El Sásabe, cigarros y además traían su guitarra, hicieron una fogata en la noche y estuvieron cantando muchas horas, mientras algunas chicas bailaban a la luz de la lumbre. Yo y mis hermanos observábamos la escena a través del alambre de púas revuelto con ocotillo en esa parte que protegía a ese rancho estadounidense.

Al otro día ya no estaban, sólo se regresó a nuestra casa desde la noche el hippie que hablaba algo de español porque estaba interesado en comprarle un caballo a mi padre. Era un muchacho de aproximadamente 25 años, de pelo negro no muy largo, con bigote y barba, piel muy blanca y ojos verdes, muy bien parecido, todo vestido de mezclilla y creo el único de todos que traía botas. Mi madre le ofreció desayuno, papas fritas, frijoles enteros, con tortillas de harina, chiles jalapeños y café, el comió muy contento y agradecido, la luz de la ventana que daba al este transmitia los rayos matinales que daban directo a la mesa que tenía un mantel de cuadros rojos y blancos, mismos que se proyectaban a la cara de ese muchacho, yo estaba casi enfrente de él observándolo ensimismada, mientras el platicaba con mi padre en un idioma revuelto de spanglish, en la radio sonaba una canción: ¨para cuando salga la luna, para cuando se meta el sol... iré iré llegando a donde se encuentra mi amor...¨, entonces el sintió mi mirada infantil interesada volteó hacia mí y me sonrió abiertamente, mostrando una dentadura blanquísima y perfecta. A media mañana se fue montado a puro pelo en el caballo que le compró a mi padre, le había dicho que sus demás amigos se habían ido en cuanto amaneció y que el los alcanzaría en Arivaca, Arizona. Cuando mi padre fue a inspeccionar el Rancho Celaya se dio cuenta que los demás habían hecho destrozos, quebrado ventanas y se habían introducido a la casa a dormir, encontró botellas de cerveza y vodka vacíos, mucha basura en la casa, cigarros que quizás dejaron encendidos y habían quemado parte del alfombrado y se robaron cosas. Contaba después que había sido un alivio que existiera ese rancho del otro lado, porque si no, los destrozos los hubieran hecho en nuestro rancho.
( Esta imagen pertenece a Maria Cecilia Camozzi)

Pasaron algunos meses, el Rancho Celaya fue habilitado nuevamente y un matrimonio de ascendencia latina llegó a hospedarse, sus nombres Ernesto y Julia Félix.

Continuará...
Vicky E.Durán

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Fronteras (Primera parte)

Fronteras

--Ojos de niña inocente e interrogante, miraba a través de ese cerco de púas, postes rojos con la parte superior en blanco, corrían en hilera en la parte trasera de esa casa que habitaba. Muchas veces se preguntaba que había mas allá, le dijeron: ¨Son los Estados Unidos y no puedes pasar porque los hombres que visten de verde te pueden llevar¨-
Desde los 3 años, me llevaron a vivir a un rancho propiedad de mi padre de crianza, situado al norte de mi país en el Estado de Sonora. Era una milpa de las que se llaman de temporal, que se sembraba según la época de lluvias, ya sea frijol, trigo, maíz, calabaza, sandía y papas. También tenía cría de ganado, cerdos, conejos, chivos, gallinas, así como algunos caballos.
Ese rancho hacía frontera con Estados Unidos y fue hasta mucho tiempo después que me dí cuenta que ese cerco que muchas veces miré interrogante, dividía mi país con el otro y resultaba prohibido. El llamado ¨otro lado¨ significaba que cuando estaba ahí debía cuidarme de la migra, de los hombres vestidos de verde y con carros verdes, sin embargo por la misma cercanía que teníamos era inevitable que en varias ocasiones cruzara el alambre sin documentos, ¡ si !, una niña indocumentada yendo y viniendo cada día o cada semana, en esa vereda ya marcada que unía al rancho de nosotros con la propiedad que estaba al otro lado, el Rancho Celaya, situado a escasos 300 metros de donde nosotros vivíamos.
El Rancho Celaya era un rancho de los que se llaman de renta. Los primeros inquilinos de los cuales tengo conciencia son Gustav Arcraft y Bettina Bericok. Era un matrimonio que me parecía extraño, el era un hombre moreno, robusto y de cara muy agradable, siempre tenía encendida una pipa de fumar y se la pasaba sentado en un sillón reclinable, según supe después era de ascendencia italiana; Bettina era muy rubia, casi albina, sus cabellos lacios y muy ralos caían sobre sus hombros, era flaquísima, vestía siempre de jeans, tenis, blusas blancas y anudaba una pañoleta de colores alrededor de su cuello, lo cual la hacía siempre presentable y con cierta elegancia, ninguno de ellos hablaba español, salvo ella que se defendía con algunas palabras y señas.
Los recuerdo siempre con una sonrisa en su rostro, les gustaba mucho que fuéramos, mis hermanos y yo a ver la televisión, así que cada tarde íbamos a ver la teleserie ¨Viaje a las Estrellas¨, nos sentábamos en los sillones de piel que tenían o bien, en un tapete grande del piso y muchas veces recuerdo a Gustav acariciar mis largas y negras trenzas mientras yo miraba entretenida el programa televisivo, que aunque estaba hablado en inglés no nos importaba y nos gustaba mucho, así que a los personajes los conocíamos como ¨el capitán¨, ¨el orejón¨ y ¨la negrita¨.
Gustav y Bettina tendrían mas de 60 años, vivían solos y salvo algunas épocas del año, aparecían de repente una hija de ella con su hijo Rap, un chiquillo de la edad de mis hermanos, rubio, hiperactivo, dominante, travieso y peleonero. Nunca me cayó bien por las maldades que les hacía a mis hermanos, lo bueno que a mi me ignoraba totalmente, además que no me gustaba ir a la casa del otro lado cuando estaba lleno de visitas, era en cierta forma esquiva y tímida, no me sentía en mi ambiente, había muchos ¨gueros" en los tiempos de pascua, de thanksgiving o de navidad, con un lenguaje extraño, que no entendía y mi madre me decía ¨así hablan los gringos¨ y yo me quedé mas confundida aún durante muchos años pensando en ese país que estaba a escasos metros de mí, que con sólo unos pasos ya cambiaba todo con el cruzar ese cerco de púas.

Bettina era muy sentimental, nos quería mucho y a pesar de su escaso español, siempre trataba de hacerse entender, nos daba dulces y fruta, comida y le encantaba tenernos en su casa. Mi madre le ayudaba ciertos días de la semana en la limpieza de la casa y en planchar ropa, mi padre le ayudaba en la atención de los caballos y ganado que tenían, así como limpiando la alberca y los alrededores del rancho. Esta labor la combinaban mis padres, con las labores propias de la atención de nuestro rancho y así la vida seguía pasando.
A Bettina le gustaban mucho los animales, tenía una gata, un perro y muchos caballos, los adoraba tanto así, que un día nos mostró el cementerio de mascotas que tenía en una parte del terreno del rancho, esa vez si que me sorprendí porque nunca imaginé que alguien pudiese enterrar, hacer las tumbas, poner el nombre y una estatua del animal, tal como había visto el cementerio de personas. Tenía en el cementerio a un caballo, varios gatos y algunos perros, las tumbas eran del tamaño según el animal, asi que había una grande, unas medianas y varias chiquitas. Ella casi lloraba al ir caminando entre las tumbas y en un inglés mocho con palabras en español, nos decía el nombre del animal del cual nos mostraba la tumba respectiva, siempre que la recuerdo a ella, recuerdo ese cementerio singular.
El perro que tenía en ese tiempo que habitó el rancho Celaya, se llamaba Kerno, era un perro grande, quizás bóxer mezclado con pitbull, porque era bravísimo, así que cuando uno tenía que ir al rancho por algún encargo o para ir a ver la televisión, Bettina se daba a la tarea de amarrarlo, para que pudiéramos pasar. Recuerdo que una vez que estaba Rap de visita y fueron mis hermanos a jugar con el como los había invitado, el mentado niño soltó adrede el perro y casi muerde a mi hermano mayor, fue un susto terrible y Bettina regañó mucho a su nieto a pesar que lo quería mucho.
Era muy compasiva y protectora, como la recuerdo aquel día trágico de mi temprana niñez, cuando todo mi mundo perfecto cambió y el miedo se posó en mi vida, huyendo con mis hermanos y mi madre, descalzos, llenos de espinas, temerosos, llorando, con el frío calando hasta los huesos.... esperando la ayuda; Bettina y Gustav no estaban en el rancho, habían salido de fin de semana. No recuerdo cuanto tiempo corrimos y hasta dónde llegamos, pero recuerdo que nos llegó la noche y agazapados entre los cercos y los árboles, esperamos hasta que vimos las luces de su automóvil aparecer. Mi madre toda golpeada apareció ante ellos y Bettina casi se desmaya del susto, muy mortificada empezó a curar las heridas de mi madre, musitando ¨Oh my god¨, ¨Oh Anita¨, en eso apareció en el umbral mi padre de crianza, todo arrepentido, el alcohol había hecho estragos en él y había golpeado a mi madre esa tarde. Bettina lo recriminó y en un inglés muy enfadado le decía muchas cosas, mi padre sólo asentía con la cabeza cabizbaja. Mis padres se separaron mucho tiempo y después regresaron, nunca más ví que el volviera a golpear a mi madre.
No recuerdo cuando es que Gustav y Bettina decidieron irse del Rancho, nos dijeron que se mudarían a una ciudad llamada Dallas, que se encontraba muy lejos de ahí, pero yo me sentí triste porque les tenía mucho cariño. Ella le rogó mucho a mamá que me dejase llevar con ellos y que cada verano me traería de visita para que me vieran, decía que yo era muy buena niña y que necesitaba a alguien que le ayudara a bañar y peinar a sus caballos, que me darían estudios y un buen nivel de vida, que no se arrepentiría, pero mi madre desde luego que le dijo que no. Muchísimos años después supe que estando en Dallas, Texas, Gustav se suicidó de un disparo en la cabeza, muchas cosas de la Segunda Guerra Mundial le atormentaban. De Bettina y de Rap nunca más supimos.
Continuará....
***
Vicky E.Durán

Bettina y sus caballos

domingo, 22 de noviembre de 2009

De donde vengo...


Vengo de baños de ríos,
de frijoles como ración diaria,
de tortillas hechas a mano
y de tomar café de talega.

Vengo de miradas silvestres
de comidas en estufa de leña
de noches con cantos de grillos
de luz con lámparas de petróleo.

De sentir el clima en la planta de los pies
de respirar el aire limpio
de inventar dibujos en las nubes
de seguir ilusionada el arcoíris.

Vengo de una tierra lejana
de mezquites, sahuaros y pithayas
de cantos de cardenal en la madrugada
del zenzontle imitando sonidos.

Vengo de perderme entre girasoles
de extraviarme entre los maizales
de subirme a los barrancos del río
de maravillarme del rocío en las hojas.

De vivir cerca de muchos animales
de aprender cuando nacía el conejo,
anidaban los pájaros o empollaba la gallina,
y cuando la yegua estaba enamorada.

Vengo de lluvias y tempestades
de una milpa entre dos ríos
de las tormentas que causan miedo
de respetar a la fuerza de la naturaleza.

Vengo y aunque se a donde voy
quisiera sólo un día vivir esos momentos
cuando sentía el maullar del gato consentido
y la cola de mi perro acariciar mi rodilla.

Y acaso ese origen mío me hace
no sobrevalorar las cosas mundanas,
¿acaso es que deseo sólo volver a mis raíces?
¿con aquel vestido amarillo gastado en usarlo?

Cuando el olor de pan hecho por mamá
impregnaba nuestra humilde cocina
cuando papá ordeñaba a las vacas
¡ Y cuando mis hermanos me jalaban las trenzas!
***
Vicky E.Durán
Nov.2009

lunes, 12 de octubre de 2009

Descubriendo América


¿ Eran las tribus perdidas de Israel?
¿ o los pueblos nómadas de Siberia
que en el último glacial cruzaron
el estrecho de Bering?
¿ Cómo los inuits se diversificaron
en apaches, mayas, quechúas y mapuches?
y derivaron en amerindios… sioux, pies negros,
pimas, papagos, yaquis, seris, toltecas, aztecas,
olmecas, tarahumaras, huicholes y tantos más
pobladores a lo largo de sus tierras?

América o Abya Yala o Cem Anáhuac
o Las Indias
¡ como se asemejan tus ciudades de Caral,
Machu Pichú y Chichen Itza a Egipto!
¡ Oh… grandes misterios!
o fueron los vikingos los primeros que
pusieron sus huellas en bello continente?
el continente joven, el inhóspito, el virgen,
el misterioso, el de formas sugerentes,
dicen: cuando Dios hizo el Edén… pensó en América
y en México su historia lo vió como Aztlán
donde moraba el Dios Huitzilopochtlli…

Gran continente de tantas culturas,
de tantas diversidades, de tantas tradiciones,
de valles, desiertos, selvas y clima tropical
donde emergen en su mayor llanura
los casi rasgados ojos y piel bronceada,
el pelo oscuro y dientes blanquísimos,
de gente que ama a la tierra que siembra
principalmente el frijol y el maíz…
donde existió un indio al que le decían
El Dorado, reluciente como el sol!

Donde Américo Vespucio hizo sus trazos
y donde Cristobal Colón navegó por mucho tiempo
en La Pinta, La Niña y La Santa María
hasta gritar ¨¡ Tierra a la vista !¨
aquel 12 de Octubre de 1492-
¿ Cómo eran las indias que descubrió Colón?
¿ y como eran sus tesoros?
¿ que dicen esos grandes libros de navegación?
¿ que cuentan los hispanos de la conquista colonial?
ellos le llamaron Intercambio de oro, tesoros, alimentos…
y el penacho de Moctezuma aun siguen sin devolver.

¡ Oh gran conquista de América!
España de los pueblos incas y aztecas
Francia de Canadá
Portugal se adueño de Brasil,
Reino Unido de Norteamérica
Y Alaska en manos de Rusia quedó…
Se trazaron las rutas exactas de acceso
aquel continente bello y misterioso
poco a poco fue sucumbiendo ante la conquista
de los pueblos con mayor fuerza,
los indios miraban como Dioses,
aquellos hombres vestidos con armadura.

Con su descubrimiento vino Cortés
e invadió a Tenochtitlán…
la era de mestizaje en el imperio azteca
la era de los cambios e intercambios
la era de la caída de los dioses
la era de un nuevo mundo
los indios no pudieron con sus lanzas
defender sus tierras y posesiones,
los indios no pudieron proteger a sus
bellas mujeres de cabellos largos,
donde emergían lágrimas de ojos tristes…
nacían mestizos, ya no era la raza original…

¡ América la bella fue conquistada !
y nuestros antepasados tuvieron un hermoso regalo
nos trajeron el mensaje de un nazareno
que la vida dio por sus hermanos,
el cristianismo arribó unido a la barbarie
… ¡ llévense los tesoros quemando los pies a Cuauhtémoc!
… ¡ no devuelvan el penacho de Moctezuma!
… ¡ ni el oro de El Dorado!
el gran tesoro que nos dejaron
es el amor de un Dios único
que en forma de Jesucristo
murió hace 2000 años
por amor a todas las personas
ofrendó su vida crucificado.

***
Vicky E.Durán
Octubre 2009

jueves, 17 de septiembre de 2009

Remembranza nostálgica


La vida esta partida
en muchas y diversas historias,
la vida esta dividida
en muchos lugares y memorias.
***
Volver a ver con ojos de adulto
lo que se vió con ojos de niño,
no es igual en tamaño, no oculto,
pero es el mismo cariño.
***
Al recorrer esos lugares
es ir recogiendo pedazos de infancia,
dejados en el suelo, esparcidos en el aire
guardados en el tiempo y la distancia.
***
Volver a ese lugar
donde quedó parte de la vida,
es sentir los recuerdos agolpar
y la sencillez del hogar ¡ que no se olvida !
***
Oír las risas, voces y cantos del ayer,
los juegos infantiles, la naturaleza exaltada,
es rememorar esas vivencias sin querer
y sentir lágrimas calientes en la cara.
***
Oír las palabras de cariño,
sentir los cuidados de la madre,
el amor fraternal de los hermanos aún niños
y el fiel amparo del padre.
***
Volver a reconocer el camino andado,
volver a sentir el olor no olvidado,
redescubrir cada árbol aún plantado
y las ruinas de un hogar del pasado.
***
La impotencia de cambiar
los momentos ya pasados,
el deseo irresistible de no dejar
el abrazo protector de los que nos amaron.
***
En cada paso que se dá
es volver a ver al niño que una vez se fué,
es tener un encuentro con uno mismo,
¡ muchos años después !
***
Vicky E.Durán
Abril 2002
Sásabe, Sonora
* Al volver al lugar donde viví de los 3 a los 9 años,
la foto corresponde a la casa de mi infancia, tal
como la encontramos en el 2002, al fondo es donde
aún pasa la línea divisoria con USA.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Tributo a mi madre


Para Ana María Durán Cruz
1º de Enero de 1926 - 06 de Agosto de 1988
♥♥♥
Hace un año escribí algo similar pero perdí ese escrito, en episodios trato de narrar la vida de mi madre, les anticipo que es un escrito largo, pero deseo que lo lean.
***
Episodios:

A) Erase una vez una niña sonorense con trenzas al aire y la piel color durazno.

Día primero de enero
un calendario en 1926
Rancho Los Chirriones
Sáric Municipio de Sonora
nacía una niña de ojos cafés
de mirada triste y soñadora
con el durazno en su piel
cabello color trigal
y sonrisa encantadora…

Tercer hija de siete hijos vivos
en seno del hogar Durán Cruz
padre con antecedentes indios
sangre de yaqui ya civilizado
altísimo y fuerte como roble
de mirada fija y escrutadora
acerados ojos ocultaban corazón noble,
madre bella y delicada
cuidaba de ellos como joyas en cofre.

Madurez a destiempo
retrataban sus ojos infantiles
caminaba muchas leguas
en desierto inclemente y espinoso
casi descalza, en vestido raído
sudor en su frente, cansancio en su rostro,
espinas y piedras en el camino
criatura indefensa, entes peligrosos…

B) Cual bella flor sonorense, las trenzas se destejieron y sus cabellos volaban ante el aire de la ilusión.

¡ Cuántas veces se ilusionó ante el amor!
el amor vistióse de jinete gallardo a caballo,
del hombre bueno y sincero que la pretendió
aquel que le daba las flores mas hermosas de Mayo,
el que la desilusionó una tarde de primavera
entre perfumes de espuelitas dijo: ¨con otra me caso¨,
¿ Cuántas veces le laceraron su corazón
para que dejara pasar tanto el tiempo sin un abrazo?
¿ Cuántas veces pesó mas el deber de hija abnegada
y dejó pasar el amor que le ofrecían buenos muchachos?
¿Cuántas veces en su ventana se oyeron bellas serenatas?
¿Cuántas veces el amor quedo en la espera de un solo paso?

C) Mujer madura… hombre joven, el amor llamó a su puerta que creía cerrada para siempre.

Llegó una tarde fría de naciente invierno
un hombre joven, callado y solitario
inmensas ilusiones en su rostro sereno
con el alma de poeta, trovador nato,
recitaba y escribía los versos más tiernos,
que el alma de mujer comenzó a amarlo
sin medida, sin culpas y sin freno,
estuvieron juntos muchos veranos
se juraban cada noche amor eterno
unían sus corazones, cuerpos y sus manos
Ella muy dentro sentía que El era sincero
apostó por ello su vida pero todo fue vano
una tarde el marchó cual amor pasajero
detrás dejó a mi madre conmigo y mis hermanos
Ella nos sacó adelante con voluntad de acero
jamás le oí hablar mal de mi padre al contarnos
la historia a su lado y sus bellos recuerdos
guardaba celosamente los versos de antaño
en aquel baúl ya empolvado y viejo,
me los entregó un día como testamento extraño
me dijo: ¨te pertenecen desde hoy te los dejo¨
ahora soy la que celosamente los guardo
y cada vez que quiero rendirle tributo: ¡ Los leo !

D) Una madre valiente luchando por sus hijos ante la adversidad del destino.

Cual gitana valiente
viajando con lo necesario
trabajos inclementes
por un raquítico salario
gotas de sudor en su frente
a sus hijos alimentarlos
madre amorosa y fuerte
de ella nunca faltó un abrazo
el beso cariñoso siempre
y sentarnos en su regazo.

Luchadora incansable
proveyendo el alimento
nunca sufrimos hambre
ni carencias en sentimientos
forjaba metas alcanzables
en aquellos duros momentos
darnos el estudio realizable
con su breve sustento,
siempre su sonrisa amable
siempre su rostro contento.

E) El amor sereno tocó de nuevo a la puerta que se encontraba cual portón de hacienda del antiguo México.

Era un hombre rudo
era un hombre de campo
con el ceño fruncido
de tanto haber trabajado,
morena la tez
piel de bronce, no muy alto,
los ojos azabache
el sombrero un poco ajustado
el traje de mezclilla
cinturón de cuero anudado
botas de vaquero
y un cigarrillo en sus manos.

Se sentaba en aquella piedra
muy pensativo fumando,
pasaba esa hermosa dama
y se hacía el disimulado,
pero hacia un gesto respetuoso
quitarse el sombrero a su paso,
esa dama un día se vio ella misma
por la ventana atisbando,
encontrando interesante al hombre
que parecía estarla esperando.

El le ofreció un nuevo hogar
afincado entre dos ríos un rancho
le ofreció que la iba a amar,
le ofrendó respeto y el amparo,
le dijo que nos iba a cuidar
nunca mas lloraría al dejarnos,
pasaron muchos años juntos
luchando día a día, brazo a brazo,
nunca nos abandonó ese gran padre
ni cuando ella murió en sus brazos.

F) Esos últimos días…
Recuerdo tu rostro de esos últimos días
avisando con la mirada que ya te nos ibas
sintiéndonos cerca, dándonos todo
y yo… no lo sabía.
Una semana unidos los cinco
mis hermanos arreglando la huerta
mi padre trabajando incansable
y yo tan joven e inexperta,
miraba pasar los días iguales
en esas tardes veraniegas.
Te recuerdo aquel día diferente
sentada a la luz matinal de aquella puerta
tu cuerpo enjuto y enfermo
proyectaba como fantasma tu silueta
tu leve y dulce sonrisa
la mirada de tristeza envuelta
¿ Cómo imaginar que ese era tu último día?
¿ Cómo saber que al día siguiente estarías muerta?
¿ Cómo no besé tu rostro intensamente
antes que tu piel estuviera yerta?
¿ Cómo es que no velé tu sueño?
¿Cómo es que no me mantuve despierta?

G) Tu último aliento…
Contemplé tu rostro amado, ví tu agonía,
miré tus labios ya secos y pálidos,
quizás queriendo musitar ¨Adiós¨
sólo sentí un quejido leve y cálido,
que de tu boca brotó.

Y tus ojos hundidos, me dieron temor,
sentí que casi no respirabas,
traté de sentir tu pulso, tu corazón,
sentí tu piel ya casi fría,
tu boca lanzó su ultimo suspiro
me dijeron: ¨Fue lo mejor¨

Veo el rostro de mi hermano mayor
intentando darte su aliento
golpeando tu pecho incesante
tocando tu pulso a cada momento
las lágrimas en sus ojos
me decían: ¨Hermana… lo lamento¨

¡ No lo creí ! pero era realidad
¡ Habías dejado de existir!
lloré sobre tu cuerpo inerte
y mi corazón no lo podía resistir
quise gritar de dolor
y a todos decirles mi sufrir.

Besé tu rostro yerto,
tus manos frías otrora cálidas y amorosas
las apreté con fuerza en busca de caricias
te dí tu última despedida llena de rosas
había claveles, lirios, margaritas y jazmines
recorrí ese camino doloroso tras la carroza
mis pasos pesados, lentos y muy tristes
sentía negra mi vida antes color rosa
luto en mi corazón, lágrimas bañaban mi rostro
después tu cuerpo depositado en una fosa.

Quise llorar a gritos
darte esa última despedida en soledad,
llorar, llorar y de nuevo llorar,
porque de la tierra ¡ no se vuelve jamás!
estar contigo en tu última morada
platicarte, hacerte cariñitos y esperar
creía estar soñando y quería despertar.

Ahora sé que cumpliste con nosotros
ser buena madre fue tu misión,
que Dios te llamó en el momento justo
por tu gran corazón,
que ahora eres nuestro angel guardián
¡ y que siempre he tenido tu bendición!

H) Bendita madre que siempre con devoción tu amor nos entregaste y a mi siempre me inspiraste.

¨Madrecita yo quisiera regalarte lo principal
como algo bueno que darte
pero no tengo riquezas ni dineral
pero con todo corazón
te ofrezco mi amor limpio
y pongo en tus manos mi cariño.¨
(Extracto de mi primer poema Pensamiento a mi madre, a los 8 años)

¨Si al pasar el tiempo
correr la vida
piensas que nadie te ha querido
piensa en áquella que te dio la vida¨
(Versos de mi poema Bendita Madre, 1984)

¨Mami eres como un sueño
que se pierde y aparece
que se esfuma y vuelve
pero que al fin se queda
en mi mente eternamente¨
(Breves versos de 1987)

¨Una carta cruel recibiste
de hiriente contenido su interior,
¿callarte? ¿contestar? ¿enfrentarlo?
¿marcharte? ¿quedarte? ¿dejarlo?
¡ marcharte fue tu determinación!
demostraste tu firme dignidad y valor ¨
(Versos del Poema La Carta Cruel, 2000 recordando parte de su vida)

¨Soy un fruto germinado
en esa planta de tu vientre,
imprimiste cual molde cincelado
rasgos tuyo en mi por siempre¨
(Versos del Soneto a Mi madre, 2003)

I) Reconocimientos de una hija a su madre:

Reconozco que gracias a ti existo, porque Dios a través tuyo me dio la vida.
Reconozco la gran fuerza que tuviste para aceptar esa responsabilidad.
Reconozco tus desvelos, tu lucha incesante por sacarnos adelante.
Reconozco tus tristezas, lágrimas y soledades que sufriste por nosotros.
Reconozco tu confianza depositada en mí para darme libertad en mi vida.
Reconozco ese aliento que siempre nos diste para superarnos.
Reconozco los principios, los valores y consejos que me diste.
Reconozco tu entrega generosa hacia mi persona.
Reconozco tu valor para afrontar tus enfermedades.
Reconozco tu gran valor como persona, como mujer, como madre y como hija.
Reconozco tu entrega hacia las demás personas, tu hospitalidad y servicio hacia tus semejantes.
Reconozco tu gran sentido de ser hija de Dios, tu amor a la Virgen y enseñarme los primeros pasos en la oración.
Reconozco el gran amor que me tuviste hasta el final, nadie nunca más me ha amado con ese cariño desinteresado e incondicional.
Reconozco, reconozco, reconozco…
¡ que me duele inmensamente ya no tenerte conmigo !

J) Evocaciones maternales:

Cabello…

Aún recuerdo como peinaba mis cabellos
siento como sus manos me lo tocan
sus dedos imaginarios me lo trenzan
o me hacen la cola de caballo
es sólo cerrar mis ojos un momento
y sentir la suavidad al evocarlos
oír su amada voz al platicarme
mientras intenta desenredarlo
yo haciendo gestos en mi cara
porque siento el dolor al jalarlo
diciéndole que no me gusta tan liso
que no me gusta el peinado de lado
que no me gustan los ojos chinos
de tanto que lo ha sujetado.

Manos…

Tenía bonitas manos aunque muy trabajadas
me gustaban la forma de sus uñas alargadas
me gustaban mucho al platicar agarrárselas
tenía bonitos dedos que un anillo ovalado portaban
sus manos eran suaves cuando me acariciaban
hundía sus dedos en mi rostro y me musitaba:
¨Te amo hija mía¨ y un beso en mi frente depositaba.

Mirada…

Ojos tristes y serenos de mirada almendrada
de dulzura infinita estaba llena su alma
me miraba y al mirarme sentía que me acariciaba
que me entregaba su corazón en una sola mirada
quería que sus ojos me siguieran cuando la dejaba
quería dejar sus ojos en mí… para que no la olvidara.

Palabras inolvidables… tatuadas en mi corazón:

¨Nunca tengas miedo que yo estaré contigo¨
¨Te amo hija mía¨
¨Eres la mas hermosa para mí”
¨Nunca te olvides que te amo aquí y siempre¨
¨Los amo a ti y a tus hermanos por igual¨
¨Lucha por estudiar y salir adelante¨
¨Confío plenamente en ti¨
¨Estoy muy orgullosa de ti hija¨
¨Dios te bendiga en cada paso que des¨
¨Nunca te alejes de tus hermanos sea la causa que fuere¨
¨Nunca te olvides de las fechas importantes¨
¨Se tú misma no como los demás quieren que seas¨
¨Escucha a Dios en tu corazón¨
¨Si yo me voy primero vendré por ti si me necesitas¨
¨Perdona siempre y olvida más¨
¨No guardes rencor¨
¨Has sido buena hija, Dios te lo tomará en cuenta¨

K) Siempre me harás falta…

21 Mayos sin ti
Casi 21 Navidades y Años Nuevo
21 Cumpleaños sin tu felicitación
21 Onomásticos
21 Abrazos sin dar
2 Sobrinos de los cuales no supiste
Y sabes?... ¡ no conociste a Abril!
Ni a al amor de mi vida
Ni viste en mi boda mi rostro felíz
Ni la tristeza cuando murió tu amado
Ni la noticia que triste recibí…
¿ O has estado conmigo todos estos 21 años
como me lo prometiste?
¡ Dime que sí !
♥♥♥
Vicky E.Durán
Agosto 2009

* Mañana 06 de Agosto mi madre Ana María cumplirá 21 años de fallecida, la recuerdo con estos versos, con la música que le gustaba, la de mariachi, la ranchera y los valses, en especial el vals de Alejandra. Siempre le preguntaba si tanto le gustaba ese vals porque no me puso Alejandra...

Besos, los quiero mucho!

viernes, 31 de julio de 2009

Las tribus sonorenses. Primera parte.


En Sonora, un estado al norte de México que hace frontera con Estados Unidos, existen diversas tribus, sobresaliendo la tribu de los Yaquis, pero antes de hacer mención de la clasificación de las mismas, es importante señalar que significa Sonora.

En el libro Historia de Sonora, escrito en 1984 por Eduardo W. Villa indica:

¨En nuestro Estado, aún recurriendo a todas las fuentes de información asequibles, nadie ha podido explicar hasta hoy de una manera satisfactoria y sin que deje lugar a duda, cual es el verdadero origen y significado de la palabra ¨SONORA¨. Una de las versiones más generalizadas es la de que procede del vocablo ópata ¨Sonotl¨, que significa hoja de maíz; otros pretenden que dicha palabra provenga del propio vocablo, pero aplicado como nombre de una ramificación de la tribu ópata, que se dice habitó cerca de un ojo de agua cenagosa, situado entre los actuales pueblos de Huépac y Banámichi, sobre la ribera izquierda del Río de Sonora. Mi desautorizada opinión es que la dicha palabra procede del sustantivo español ¨Señora¨, fundándola en lo escrito por uno de los más antiguos historiógrafos que se han ocupado de estas tierras, el capitán don Juan Mateo Mange, quien habiendo acompañado al padre Kino en sus diversas expediciones científicas y apostólicas, dio a publicidad unas memorias que intituló ¨Luz de Tierra Incógnita en la América Septentrional y Diario de las Operaciones en Sonora¨. Estos apuntes fueron escritos hacia los últimos años del Siglo XVII y primero del XVIII.

Al referirse a la etimología de la palabra ¨Sonora¨, asienta que antes de la venida de los conquistadores españoles a esta región, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Alfonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza y un negro a quien nombraban Estebanico, únicos sobrevivientes del desastre que sufriera don Pánfilo de Narváez en las costas de la Florida, el año de 1528, fueron los primeros europeos que pisaron tierra sonorense, después de atravesar el ancho Continente desde el Golfo de México hasta el de California, y que en sus peregrinaciones se establecieron en el Valle de los Opatas a inmediaciones de un poblado de aborígenes, donde edificaron una capilla, colocando en el improvisado altar un cuadro de Nuestra Señora de las Angustias, pintado por el mismo Cabeza de Vaca sobre una piel de cíbolo; que habiendo vivido ahí aquellos por algún tiempo, los indígenas se esforzaban por pronunciar las palabras ¨nuestra señora¨ sin poder lograrlo con la tilde, diciendo a menudo ¨la senora¨, hasta convertirse en ¨La sonora¨ después.

Geógrafos e historiadores no están de acuerdo en el lugar donde estuvo edificada esa capilla, e imposible nos sería y nos es identificarlo hoy; pues no existiendo centros fijos e importantes de aquella población, y desaparecida ya con los años, la conquista y la civilización, toda huellas que nos orientase en la investigación, imposible es, como se ha dicho, localizar tan interesante construcción.

Se cree, con algún fundamento, que el poblado donde se construyó la capilla a que se hace alusión, estaba en una meseta como a cuatro kilómetros al Norte del actual pueblo de Huépac, por haberse encontrado allí vestigios de un pueblo antiguo. El río serpenteaba, lamiendo el pie de aquella altura y regando una fértil vega extensa y muy hermosa, y se dice que interrogados los moradores indios por los conquistadores, que en nombre del más fuerte venían posesionándose de estas tierras ignotas, cual era el nombre de aquella comarca, respondieron que ¨La Sonora¨.

En tiempos de la conquista, tanto exploradores como colonizadores y gobernantes, generalmente daban nombres a las comarcas sometidas a la Corona de España, en honor y recuerdo de la Madre Patria; así por ejemplo: Nueva Vizcaya, Nueva Galicia, Nueva Extremadura, etc.; y aún cuando Sonora fue bautizado en diversas ocasiones con la designación de Nueva Andalucía, ese nombre no tuvo arraigo ni prosperó, como lo demuestra el hecho de que no aparece en los mapas o cartas geográficas delineadas por el padre Kino, con su carácter de Cosmógrafo Real, no obstante de haber permanecido éste radicado en Sonora y en ejercicio de esa comisión desde el año de 1680, hasta el de 1711 en que falleció.

Como es de suponerse, en aquella época no existía demarcación territorial bien definida, sino que con la designación de Pimería Alta se comprendía a los hoy ex –Distritos de de Altar, Magdalena, Arizpe y parte septentrional de los de Ures y Moctezuma: con el Pimería Baja se abarcaba a los de Hermosillo, Sahuaripa y parte meridional de los dos últimamente citados; el nombre de Ostimuri era aplicable a la faja de terreno situada éntrelos ríos Mayo y Yaqui, existiendo hasta el presente en el ex –Distrito de Sahuripa un pequeño poblado con ese nombre, ubicado al Sur del de Tarachi, correspondiendo propiamente el de ¨Sonora¨a la región conprendida entre Ures y Arizpe, como verse en el mapa del padre Kino.¨

En la actualidad El Estado de Sonora cuenta con una superficie territorial de 184 mil 934 km², forma parte de los Estados Unidos Mexicanos, y se encuentra ubicado en su lado Noroeste y ocupa el segundo lugar en extensión de entre todas las entidades federativas de la República, con una porción de 9.2 del total de la superficie. Colinda con los estados de Chihuahua al este, Sinaloa al sur y Baja California al noroeste; al norte comparte una extensa frontera con el estado de Arizona y una más pequeña con el de Nuevo México de Estados Unidos y hacia el oeste colinda con el Mar de Cortés o Golfo de California. El estado se divide en 72 municipios: Aconchi, Agua Prieta, Alamos, Altar, Arivechi, Arizpe, Atil, Bacadéhuachi, Bacanora, Bacerac, Bacoachi, Bácum, Banámichi, Baviácora, Bavispe, Benjamin Hill, Caborca, Cajeme, Cananea, Carbó, La Colorada, Cucurpe, Cumpas, Divisaderos, Empalme, Etchojoa, Fronteras, Granados, Guaymas, Hermosillo, Huachinera, Huásabas, Huatabampo, Huépac, Imuris, Magdalena de Kino, Mazatlán, Moctezuma, Naco, Nácori Chico, Nacozari, Navojoa, Nogales, Onavas, Opodepe, Oquitoa, Pitiquito, Puerto Peñasco, Quiriego, Rayón, Rosario, Sahuaripa, San Felipe de Jesús, San Javier, San Luis Río Colorado, San Miguel de Horcasitas, San Pedro de la Cueva, Santa Ana, Santa Cruz, Sáric, Soyopa, Suaqui Grande, Tepache, Trincheras, Tubutama, Ures, Villa Hidalgo, Villa Pesqueira, Yécora, General Plutarco Elías Calles, Benito Juárez y San Ignacio Río Muerto.

Continuará…

Fuentes: Historia del Estado de Sonora, Eduardo W.Villa
Sonora. Historia y Geografía, Tercer grado. Secretaría de Educación Pública.
Vicky E.Durán
Julio 2009

lunes, 27 de julio de 2009

A tí Javier


A tí Javier

Eres el espacio vacío de mi abrazo anhelado
el beso dado al aire desde hace muchos años
las lágrimas sin líquido que resbalan en mis adentros
la agonía en vida que poco a poco voy sintiendo.

Eres mi hermano cómplice en travesuras de antaño,
el de las pláticas de madrugada, riendo y soñando,
el que me comprendía, el que sabía ser el hermano tierno,
el de la sonrisa y mirada triste, el del eterno verbo.

Eres la ausencia que se gesta día a día, año con año,
eres esperanza que se aviva de acariciarte con mis manos
eres semilla sembrada en mis noches que te sueño
anhelando cosechar el beso que te envío cada que duermo.

Eres la hoja de ese trébol que porta solo dos hojas ya sin tallo
eres mi sangre, eres mi historia, mi apellido, eres mi hermano
cada instante voy perdiendo la cuenta del inexorable tiempo
que pasa sin que te tenga en mis brazos, sólo en mis recuerdos.

Eres mi hermano al que añoro, que vives ausente y lejano,
eres mi hermano al que presiento, al que siempre amo,
al que quisiera volver a sentir en un abrazo fraterno
darte ese beso en tu frente, que sella nuestro amor eterno.

Vicky E.Durán
Julio 2009
***
A mi hermano Francisco Javier que hoy 27 de Julio es su cumple.
Te amo con todo mi corazón y mucho te extraño
Te recuerdo con tus canciones que tanto te gustan.
Dios te bendiga.
Tu hermana Vickokis!

miércoles, 15 de julio de 2009

La danza del venado


La Danza del Venado

Sigiloso, sin levantar la arena desértica
entre algunas flores silvestres de biznagas
o las campanitas que ofrecen horizonte morado
que nacen de noche y mueren de día…
se desliza el maaso con su cuerpo fino y delicado
entre matorrales, peñascos y sahuaros
asi va oteando el peligro
buscando un oasis o las orillas del río crecido,
tímido, cauteloso, expectante,
se agudiza el instinto de sobrevivir
existen muchos pascolas prestos a cazarle,
se disfrazan una veces de coyote, puma,
otras de violento ser humano,
que no siempre caza por hambre…
observa las llanuras que son casi del color
del pelaje que se camufla,
solo la cola blanca y la ornamenta afilada
le descubren como la presa anhelada.
Ha logrado llegar a la sombra del mezquite
donde reposa el alimento raquítico,
se oye el cascabel del peligro
cual sonajas de los ayales y los tenabarim
levanta su vista entre el pasto crecido y seco
los nervios se apoderan al instante
voltea al frente, a los lados, atrás,
el cazador se camufla ahora,
la respiración se agita,
el cuerpo esbelto y ágil emprende la retirada,
es demasiado tarde… la flecha a dado al blanco…
Cae, se levanta, vuelve a caer,
la danza mortal ha comenzado
la lucha contra la muerte en sacudidas danzantes,
un ultimo esfuerzo, las patas no le sostienen
cae por última vez como fardo
convulsiones, quejidos, miedo en la mirada,
respiración entrecortada
los latidos del corazón se van apagando,
entre sonidos de tambor de agua y guajes secos
mientras a lo lejos se oye un canto lastimero
de un pueblo que llora
de un pueblo que se niega a morir
el pueblo de los yoremes buenos
el pueblo yaqui que siente el tum tum
del venado que trémulo espera la muerte.
-
Vicky E.Durán
Julio 2009
-
Con cariño para la reservación yaqui establecida en mi natal Sonora.
***
La Danza del Venado
Canto popular yaqui
en lengua cahita
Malichi, malichi, malichi
Ciervo, ciervo, ciervo
Yeu se gueye cai tuca aniapo
Al mundo va saliendo de noche
Ca into segua bampo yeyegue
Ya no juega el agua ni la flor
(se repite varias veces)
Tuca aniapo yeu ne sica saila
Me salí, mi hermano
Cauni tucatane vichacane yeu
De noche en su mundo
Ne sica saila
Más no vi la noche y me fui, hermano
Ca into segua bampo yeyegue
Ya no juega el agua ni la flor
(se repite varias veces)
Teweli nom u cau na bichaca
Más no vi la nube azul en el cerro
Caupo ne yeu ne sica saila
Y me salí, mi hermano
Sewau ne chasime
Y voy siguiendo la flor
Machi jecapo yeu ne sica
De día me salí con el viento fresco
Tau na tule saila machiga jecata
Y en verdad me gustó, mi hermano
Tua na tule saile
El viento fresco
Machigua jecapo ne yeu ne sica
Y en verdad me gustó, mi hermano
Sewau ne chasime
El viento fresco.

lunes, 29 de junio de 2009

Hoyuelos en las mejillas



Hoyuelos en las mejillas
- - -
Aún recuerdo ese día como si fuese ayer, te quitarían las vendas de tus ojos y yo, entre ansiosa y dudosa me comía las uñas, muchas veces había visto escenas de películas o de telenovelas, donde una persona a la que habían operado de la vista le quitaban los vendajes y en todas esas escenas había habido un final feliz. ¿Sería este la excepción?

Habían pasado ya algunos años durante mi adolescencia que tú empezaste a perder la vista y ya tenías cinco años sin ver. Recuerdo que siempre teníamos que mantener las cosas en un mismo lugar porque si las cambiábamos tu podías tropezarte, siempre querías que te leyera, ¡ay ¡ ¿cómo olvidar que mantenías tu interés en esos libros semanales de la novela Gabriel y Gabriela de Yolanda Vargas Dulché?, esperaba cada viernes para ir a comprar ese librito y nos manteníamos interesadas en la trama, recuerdo como gozaste después escuchar la novela en televisión que vimos mucho tiempo después diferida y hasta nos sabíamos cual sería el capítulo siguiente. Te leí varios libros, pero el que nos quedó muy marcado fue el de Un Capitan de quince años de Julio Verne. Cada tarde esperabas ansiosa que nos fuésemos debajo de aquel álamo y tu recostada en la hamaca y yo sentada en una silla, te leía saboreando ambas una taza de café recién colado. Recuerdo que gracias a ese libro le pusiste Dingo a aquel perro que nos regalaron y que tenía un pelaje como pradera amarilla, en honor al perro que aparece en esa historia.

Como te recuerdo madre mía, en ese episodio, tan valiente tú, siempre mostrándote fuerte ante la adversidad, en esos ires y venires ante doctores, hospitales y curanderos que no te devolvían la vista, decían que tu mal era incurable. Pero si acaso tú sabías de un nuevo doctor o de alguna persona que podría curarte aunque no fuese profesionista allá íbamos, las ganas de creer, las ganas de confiar, las ganas de volver a mirar, eran las que te mantenían entusiasta. Fueron años de luchas, de sinsabores, de esperanzas y desilusiones, mas tú ahí estabas tratando de salir adelante, haciendo tus labores del hogar con dedicación y esmero, con amor a tus hijos (nosotros), con devoción a tu compañero de vida.

Aprendiste a caminar entre las plantas y tus flores, me preguntabas: ¿cómo está ahora mi payasito? refiriéndote a aquel rosal de colores, luego tus árboles frutales, tocando los botones ya casi florecidos y próximos a convertirse en frutos, con una certeza plena me decías: tal día ya podremos comer membrillo, o durazno, o granada, según fuese el árbol de tu atención.

Tus otros sentidos se agudizaron: el del tacto, el del sabor, el del olfato y el del oído; me decías que al no ver podías identificar por medio de los pasos, por medio de la voz o por medio de los olores a una persona. Con el tacto podías saber la forma que tenían las cosas o darte una idea muy aproximada de ellas.

Aún sin luz en tus ojos tuve que irme de tu lado, tú me motivaste para que emprendiese el vuelo y buscara mis sueños, pero siempre volvía a tu lado, siempre trataba de no permanecer mucho sin verte, sentía que debía estar contigo y muchas veces me sentí egoísta por buscar mi futuro en otra ciudad y no atenderte como la única hija mujer que tenías, más de nuevo tú, volvías a motivarme y que nunca dejara mis metas de estudio y superación.

Viene a mi mente aquella ocasión cuando fuimos a Hermosillo, Sonora, para ver a un Doctor que nos habían recomendado, un oftalmólogo muy eminente, me dá dolor recordar ese episodio porque te hizo llorar, ya que podría haber sido un gran doctor pero de humano no tenía nada. Después de hacerte una revisión rápida, con las manos oliendo a cigarro y los lentes empañados y sucios, te dijo tajante: ¨señora ya no ande perdiendo tiempo, usted no tiene remedio, nunca volverá a ver y no tiene caso que la siga revisando porque tengo muchos pacientes mas esperando¨, recuerdo tu carita consternada, impotente, desilusionada, transida de dolor, me pediste que nos fuésemos de ahí y entonces, te dejé sentada en aquella inmensa sala de espera y me regresé con ese doctor y le dije: ¨Usted podrá ser muy buen doctor pero no tiene trato humanitario, usted no tenía que haber dicho eso a mi madre y espero que Dios nos haga el milagro y ella algún día volverá a ver¨. Pasó mucho tiempo de ello, porque tú perdiste todas tus esperanzas y ya no quisiste volver a andar en citas médicas ni hospitales, pues siempre volvían a tu mente esas palabras crueles que te había dicho ese doctor.

En una de mis vacaciones en nuestro pueblo, dos años después de ese incidente, siendo navidad recuerdo que te enfermaste de gripe y tos, tuvo que ir una doctora a la casa para atenderte y ahora yo considero a esa doctora un ángel en nuestras vidas, porque inmediatamente se dio cuenta que tú no mirabas y te empezó a hacer preguntas sobre tu ceguera, haciéndote que miraras hacia la luz de la habitación y pasando una mano sobre ella, te preguntaba si notabas algún movimiento, tu asentías diciendo que lo sentías así como cuando uno cierra los ojos y a través del párpado aprecias la luz y los movimientos de cosas. Luego ese ángel nos concentró a mí y a mis hermanos que también estaban de vacaciones en mi pueblo, nos pidió que te llevásemos a la siguiente semana a su consultorio porque ella pensaba que tu podías volver a ver. Ella nos consiguió el pase con el especialista de la vista.

Y heme aquí estaba en ese consultorio esperando ahora que te quitasen los vendajes. ¡ Que decir de todo lo que tuvimos que pasar para lograr que te hicieran la operación!, teníamos tantas carencias económicas y a pesar, que tenías seguridad social médica, sólo te cubrían al especialista y el hospital, más no así el lente intraocular que necesitabas. ¡Que contar de las actividades y colectas que tuvimos que hacer para lograr todo eso!, no me importó madre mía andar de casa en casa pidiendo centavo a centavo, peso a peso, para juntar el precio requerido. No me importó faltar a la Universidad unos meses y que me mandaran a exámenes extraordinarios, ¡tú necesitabas de mí en esos momentos!, no me importó las críticas ni los momentos de tensión ante lo incierto. No me importó dormir en el suelo cerca de tu cama de hospital para estar contigo en esos días mezclados de temores y esperanzas, como no me importó estar seis horas ante la sala de espera pendiente de tu salida del quirófano, ni los días posteriores con tus vendajes y cuidados extremos, ahora estaba yo en esa sala de un consultorio en Nogales, Sonora, del reconocido Oftalmólogo Arturo Loustaunau que desde un principio en la primer consulta derrochó toda la ternura en tí, el buen trato y el sentido humanitario que todo doctor debería tener.

Estaba Yo y mi padre Salvador esperando, el había venido para estar con nosotras en ese momento único. ¿Qué pasaría? Fueron los instantes mas eternos que he sufrido en mi vida, tenía temor que no volvieras a ver, pero al momento la fe en Dios estaba presente, tanto había yo rezado en la sala de espera del hospital, ahí sola tuve mucho tiempo para pensar y pedir, para meditar y volverme por una vez en mi vida más consciente del poder de Dios. Y ahí estaba yo ahora, temerosa, con las lágrimas a punto de salir, y el doctor poco a poco te fue quitando uno a uno tus vendajes... entonces apareció tu ojo operado (después se programaría operar el otro), y te quedaste intrigada viendo hacia el techo, tu recostada en un sillón. La pregunta anhelada: ¿mira usted algo Anita? Y tú, abrías mas el ojo tratando de ver y musitaste que no. Sentí como un hoyo se abría en mis pies, sentí como una especie de desmayo, de ganas de llorar ante la desilusión. Entonces el doctor poniendo diversas graduaciones de lentes sobre tu cabeza empezó a preguntarte de nuevo: ¿mira usted algo ahora? Y entonces oí que dijiste: ¨Si, lo miro a usted doctor¨.-
- Dígame ¿qué ve usted?
- Miro que usted tiene canas y tiene bigote ¡Qué palabras más bellas!, justamente así era el doctor Arturo, pero yo pensaba que estaba soñando y que no era realidad eso que oía, luego el doctor me dice que me acerque y le pregunta a mi madre:
- Mire quien esta aquí,¿la conoce?
- Si, - contestó mi madre- ¡es mi hija!
- Dígame como anda vestida
- Trae una blusa verde
- Muy bien Anita y ¿qué mas?
- Ahora he vuelto a ver su sonrisa y ¡los hoyitos de sus mejillas que tiene desde que era mi bebita!¨

Ahí no pude más y solté el llanto, habías vuelto a ver madrecita y eso era el mejor regalo que tuve en mucho tiempo. Salimos con las recomendaciones médicas de ese consultorio ya sin vendajes, sin nada que te tapara tu carita, por esas calles largas de Nogales, y tú... como niña que recién empieza a leer, ibas leyendo cada letrero de anuncios y nombres de calles, del brazo mío y de mi padre. Pasamos aquella cuadra con piso rojo y tú mirabas y mirabas hacia el suelo y decías: es rojo, el piso es rojo. Mirabas al cielo y te quedabas maravillada con ese azul que decías era el más bonito que habías visto en mucho tiempo.

Cuando llegamos a nuestro Santa Ana hubo muchas visitas de los amigos, vecinos y familiares, todos querían verte y constatar que habías recuperado la vista, llegaban felices y fue un desfilar día y noche, haciendo muchas tazas de café y la plática consabida, casi me daban ganas de grabar la historia para poner la grabación, porque al nuevo visitante tenías que contarle todo desde un principio aunque hacia media hora ya lo habías contado al anterior; pero se notaba el buen deseo de las personas y el gusto entrañable que se sentía en cada una de ellas. La parte humorística la puso Doña Cleotilde, una vecina de voz muy chillona, llegó al tercer día de estar ahí en nuestro pueblo y muy emocionada te agarró de las manos, acercó su rostro muy cerquita al tuyo e insistía en que le dijeras quien era ella... y tú contestándole quien era, ella toda feliz decía : ¨ayyy si ve, doña Anita si ve, ¡ya me conoció! ¨ ; Y en cuanto ella se fue, tú, muerta de la risa lo contabas: ¨¡Pues aunque no hubiera visto, con la pura voz la conozco a doña Coti!¨

¿Sabes Madre? Muchas veces pensé en ir con aquel doctor de Hermosillo y llevarte, decirle que íbamos otra vez a consulta con él y cuando volviera a decirte que no tenías remedio, entonces que tú le dijeras todo lo que había en su consultorio y que por favor lavara los lentes sucios que portaba para que no anduviera haciendo diagnósticos erróneos, me imaginaba su rostro enjuto y sorprendido y nosotras riéndonos a carcajadas saliendo de su consultorio muy campantes!

Que episodios con tu vida madre, todos han sido llenos de fortaleza, templanza, decisión y aceptación. Decías que no importaba que no pudieran operarte el otro ojo, que dabas gracias a Dios y a la Virgen por haberte permitido volver a ver los colores del mundo, los rostros de las personas, tus plantas y tus flores, volver a leer ahora sí con tu vista, los libros que yo ya te había leído y me decías: ¨Esto es para ver si no pusiste algún episodio de tu cosecha¨; pero sobre todo volver a ver a tu familia, a mi padre y a nosotros tus hijos.

Evocar tus bellos ojos cafés, reflejarme en tu mirada, sentir tus besos dulces en mi cara, es un tierno recuerdo. Me agarrabas el rostro con tus suaves manos y con el dedo índice y el pulgar de tu mano derecha, los hundías uno a cada lado de mi boca y musitabas: ¨ ¡ Valió la pena todo, con tal de volver a ver los hoyuelos de tus mejillas!, esos hoyitos que yo te hice con mis manos desde que tenías tu piel tiernita de bebé¨.


Vicky E.Durán

Agosto 2008

sábado, 20 de junio de 2009

Mi padre de crianza... ¡ mi verdadero padre !



Mi padre de crianza... ¡ mi verdadero padre !
Hombre rudo
Hombre de campo
Hombre parco al hablar
Hombre con el sol a cuestas
Hombre de temple
con el sabor silvestre,
con rostro curtido, moreno reluciente,
ojos vivaces,
con manos de bronce,
manos ásperas
fuertes... cual roble.

Enfundado en traje mezclilla,
inconfundibles camisas a cuadros,
las botas de piel,
cinturón de cuero a la medida,
en la cabeza el eterno sombrero,
siempre orgulloso vaquero.
Diestro en la naturaleza,
La lluvia
El arado
La siembra
La cosecha,
leche bronca de las vacas o las chivas,
derramando en tus manos,
¿ cuántos becerros vinieron a esta vida
y tú fuiste el primero en tocarlos?

Airoso en córcel indomable
montado a puro pelo,
haciendo saber quien era el amo,
doblegabas al instante,
cabalgatas en las tardes
en el pinto o en el zaino
o en ese potro antes salvaje.
Me pregunto cuántas veredas creaste,
cuantos caminos, cuantas piedras,
cuanta maleza tu pisaste,
cuántos árboles conocían tu presencia
y si la tierra casi desértica aún reclama
esas semillas que con tus manos le sembraste,
daciéndola fértil, haciéndola bella,
y esas tantas veces que con el arado la horadaste,
las caricias que le diste, cuando la cosecha levantaste,
pasando ramas sobre ella, dándole masaje.

Y aquel San Isidro
que dominaba en el mezquite a medio rancho,
el santo de la cosecha en el que siempre confiaste,
¡ vaya milagro ¡ en pleno árbol florecieron dos cactus...
Y tú... orgulloso lo pregonabas a quien quería escucharte,
a gente extraña, a los del pueblo o a los amigos de siempre,
o a Peter o Bettina, nuestros vecinos americanos,
a los que siempre tu amistad brindaste,
a Don Ernesto y Doña Julia, mexicanos con residencia legal,
en el Rancho de Celaya tras la línea fronteriza
que no dividía el cariño fraternal que les entregaste.

La mazorca en aquella troje
el frijol sobre la manta saliendo a palos,
las sandías roja grana,
las calabacitas tiernas al sartén,
la cebolla, el tomate,
el trigo, la cebada y las papas,
¿ que quieren comer hoy mis muchachos?
un pollo, un puerco, un conejo... una vaca?
¿ un caldito de tortuga o carne de caballo?
hoy he cazado un venado... ¿ lo quieren acaso?
codorniz, perdiz ¡ a su mesa! O ¿ quieren un pato?
 ¿Quieren agua fresca?
hay de limón, de pamita o de naranja,
de cebada o de horchata,
¿ un atole pâl empacho? Tengo de tapiro, de maíz,
de pechita o de harina o ¿ quieren champurrado?
díganle a su madre ¡ que lo vaya calentando!

Las tortillas ya casi están,
son las sábanas sonorenses que al hombro dan,
se estiran poco a poco desde las manos,
todo el brazo cruzan, luego se avientan al comal,
frijolitos de la olla con sus chilitos asados,
o los quieren maneaditos con queso asadero?
papas fritas y cebollitas con sal,
el café de talega con su ración de dulce pan,
todo un conjunto innigualable,
La tarde en Sonora... ¡ sobremesa familiar!
de postre un cubierto de biznaga o de calabaza,
dulce de membrillo o duraznos en almíbar,
un jamoncillo o arroz con leche, pasas, canela y azúcar.

Y ahora que casi llegamos al final,
los grandes tómense un bacanora,
para el desempanse que nos haga gozar...
el tiempo ha cambiado, se avecina tempestad,
la lluvia ya viene, se acerca el temporal,
aquellas nubes lejanas... aquí pronto estarán,
guarezcánse mis niños, metan la leña a la casa,
la estufa nos debe calentar...
Tú, muchacha suata... ¡ ayúdale a tu mamá!
¡ Destiende la ropa del tendedero !
¡ anda corre ¡, que el polvo ya llega y tras él... ¡el aguacero!
la lluvia rápido camina, lo persigue, lo alcanza...
y tú no querrás mañana lavar los trapos,
quitarles el lodo, quitarle la mugre, dejarlos ¡ blancos!,
Anda ve, no seas mula y haz caso.

Y ustedes muchachos corran,
tapen los conejos, las gallinas, los patos,
no dejen abiertas las trancas, ni las vacas afuera,
a los caballos pónganles un lazo,
cobijen los becerritos, cubran a los chivos
¡ metan a la casa a los gatos!
suelten a los perros, que busquen refugio,
¡ traigan dentro las jaulas con los pájaros!
tapen los espejos, no toquen el metal,
no se asomen por la puerta
ni miren por el ventanal,
la naturaleza es violenta, impredecible,
rayos y centellas no se hacen esperar,
sólo silbidos de vientos por la tarde
seguidos por la luz y estrepitoso sonar,
ensordecen por instantes,
una chiquilla quiere llorar...

El viento azota con fuerza la casita de adobe,
el techo amenaza con saltar,
mi madre nos arropa, nos tapa la cabeza,
¨no anden descalzos¨musita: ¡ póngamonos a rezar!
así pasan varias horas, titiritando de miedo y frío,
Yy se escuchan ambos ríos el agua llevar,
rancho entre dos afluentes, milpa de temporal,
yo agazapada casi sin aliento,
mis hermanos los valientes sentados a mi lado
un gran abrazo me dan.

Cuando las lágrimas en mis ojos
pugnan por salir, cuando quiero sollozar,
descubro algo que en mi mente quedará...
veo la figura de mi padre de crianza,
que se dibuja en la esquina, ya en penumbras,
con un cigarrillo prendido, el rostro pensativo,
dominante, fuerte, seguro de sí mismo,
dice con voz varonil: ¨la tormenta ya ha pasado,
vayamos a ver a los animales, cuantos destrozos hay,
si los ríos van crecidos y amenazan inundar¨
¡ prendan ya la lámpara!
¡ pongan el café a calentar!
¡ vamos muchachos revisemos el rancho!
Tú, mujer y la chamaca preparen las camas,
porque debemos descansar,
mañana será un día largo,
y ¡debemos madrugar!
Mis ojos inocentes, reparan en su férrea presencia,
siento su amparo, su dominio, su entrega de Padre
el que me cría como fiera a sus cachorros
el que eligió como compañero mi madre,
la paz vuelve a mí, sólo seis años en mi haber,
tres años le conozco ya y no lo había notado,
entiendo la divina protección
que Dios me ha regalado,
a falta del padre de sangre, mi padre de crianza
hombre a su familia siempre entregado...
¡Dios! ¡Cuanto le he amado!

Con inmenso amor a mi Padre Salvador Valencia Gónzalez
Fallecido el 23 de Noviembre de 1996.Vicky E.Durán

Publicaciones de La Yaquesita